lunes, 3 de septiembre de 2012

El secreto de la pirámide (1985)

Sherlock Holmes, personaje creado por Arthur Conan Doyle, ha sido trasladado a la pantalla en numerosas ocasiones, algunas de ellas adaptando los escritos originales del autor y otras tomándose ciertas libertades como la realizada por Billy Wilder en La vida privada de Sherlock Holmes (1970), a la que seguiría el psicoanálisis de Herbert Ross en Elemental, doctor Freud (The Seven per Cent Solution) (1976) o la dirigida por el director Barry Levinson, destinada a un público más joven, basada en un guión de Chris ColumbusEl secreto de la pirámide (Young Sherlock Holmes) parte de la idea del hipotético encuentro entre un Holmes (Nicholas Rowe) adolescente, estudiante brillante y de gran capacidad para la deducción, y el joven Watson (Alan Cox), tímido e inseguro cuando llega a la escuela donde se conocen. La voz del Watson maduro, presumiblemente anciano, narra la historia desde la lejanía que le confieren los años transcurridos desde el momento que se produjo la acción que se observa en la pantalla, pero el viejo Watson no ha perdido ni un ápice de sus recuerdos, algo que puede justificarse debido a la asombrosa experiencia que le unió por vez primera al futuro detective. Desde el primer instante Watson siente admiración por el joven Holmes, en quien observa la seguridad, el valor y la sagacidad que a él le faltan, aspectos que le convencen para seguir a su amigo en una aventura que no tarda en comenzar, y en la que serán acompañados por Elizabeth (Sophie Ward), el amor de Holmes y sobrina de su mentor, el profesor Waxflatter (Nigel Stock), muerto en extrañas circunstancias. Al tratarse de un film juvenil, Barry Levinson dotó a la película de un ritmo rápido, que se olvida de profundizar en los personajes o lairse de los cánones establecidos; su puesta en escena nada tiene con las películas anteriormente citadas y sí con otras producciones que se estrenarían en los años ochenta, y que tendrían en común la producción ejecutiva de Steven Spielberg. En definitiva, el film presenta un primer encuentro entre los dos detectives durante la adolescencia, un encuentro que nunca tuvo lugar en los textos de Conan Doyle (reunió a Watson y a Holmes por primera vez en edad adulta), pero es en esa libertad creativa donde reside lo más destacado de la película, pues se sirve de ello para realizar guiños inofensivos que presentan características reconocibles en el Holmes adulto, y que supuestamente serían adquiridas durante este primer misterio; así se descubre como consigue su pipa de fumar, su abrigo o su sombrero de doble visera, y como se producen sus encuentros con personajes como el detective Lestrade (Roger Ashton-Griffiths), futuro inspector de Scotland Yard, o el profesor Moriarty, enemigo del Holmes adulto.

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