jueves, 6 de septiembre de 2012

El quinteto de la muerte (1955)

Por mucho que se planee no existe el golpe perfecto, pues existe un factor, el humano, que puede alterar todo cuanto se ha planificado. Dicha circunstancia la descubre el quinteto de cuerda que se aloja en casa de la anciana señora Wilberforce (Katie Johnson), donde preparan el robo perfecto, o al menor eso dice el profesor Marcus (Alec Guinness) cuando expone su idea a sus compinches, mientras deja que el gramófono ensaye por ellos. La intención del profesor pasa por robar un envío en la estación de King's Cross; para ello necesita que sus cuatro colegas se ciñan al plan expuesto y que la simpática anciana (aunque no lo parezca resulta mayor amenaza para ellos que la policía) les sirva como cómplice involuntaria y se encargue de sacar el dinero del lugar de los hechos, convencida de hacerse cargo de un baúl que han enviado a su nuevo inquilino. A pesar de los pequeños sustos provocados por la dulce y entrometida ancianita el golpe resulta un éxito hasta que la viejecita descubre el dinero escondido en el estuche del instrumento del señor Lawson (Danny Green), y de ese modo el plan perfecto se convierte en un problema de proporciones dantescas. La ironía de la Ealing y del director Alexander MacKendrick se reunieron por última vez en El quinteto de la muerte (The Ladykillers), clásico británico que, al igual que otras comedias de su director, rebosa del humor que hizo famosa a la productora de Michael Balcon; pero en esta ocasión dicho humor resulta más negro de lo habitual, debido a la necesidad de los delincuentes de deshacerse de una abuela entrometida que ninguno quiere cargarse, lo cual provoca que se vayan eliminando entre ellos hasta que, finalmente, la inocente anciana se encuentra sola, sin saber dónde se han metido sus cómplices, y con toda la pasta, que pretende entregar a la policía. El error de cálculo del profesor Marcus reside en no darse cuenta de que la señora Wilberforce es más peligrosa que cualquiera de los miembros del quinteto, incluso que Louis (Herbert Lom), el profesional sin escrúpulos, ya que los cinco sucumben irremediablemente ante el encanto de una señora que a ninguno se le ocurriría lastimar, a pesar de que haber decidido eliminarla por razones de seguridad. Al igual que sus hermanas de la EalingEl quinteto de la muerte presenta los hábitos ingleses desde una perspectiva satírica, en esta ocasión ideada por el guionista William Rose, autor de un brillante guión, repleto de escenas memorables (las ancianas, invitadas por la señora Wilberforce, obligan a los delincuentes a tomar el té, produciéndose de ese modo el cambio de dominadores a dominados o la escena en la que los maleantes amenazan a la anciana con la cárcel, ya que es cómplice en el delito, y ésta empieza a emplear la jerga propia de los delincuentes). Además, cabe destacar el reparto, capaz de transmitir una mezcla de lástima y simpatía por esos maleantes a quienes dan vida, delincuentes que no saben en qué casa se han metido, donde se convierten en víctimas de una víctima que habría sido menos peligrosa de haberla dejado con sus loros y con sus tazas de té; total ¿quién iba a creerle, si ningún agente hace caso de las historias que cuenta?

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