viernes, 7 de septiembre de 2012

El político (1948)



¿El poder corrompe o es la naturaleza de cada individuo la que sale a relucir una vez alcanzado? ¿Se puede comprar a cualquiera o solo a aquellos que han estado esperando la oferta oportuna? El periodista Jack Burden (John Ireland) observa por primera vez a Willie Stark (Broderick Crawford) ante un pequeño grupo de personas, en sus palabras y en su actitud ve la imagen de un hombre honrado, el único que conoce dentro de esa profesión dedicada a la política, pero también sabe que Stark no puede vencer, porque ni cuenta con apoyos políticos ni financieros. Willie Stark se hace un nombre gracias a los artículos escritos por Jack, los cuales recorta y pega en un álbum, como si soñase despierto, sensación que, por un momento, parece alejarle del motivo que alega defender. Jack observa en Stark la sinceridad que no encuentra en su ambiente natural, entre las familias más antiguas y poderosas del Estado, un entorno que le ha convertido en un ser descreído; quizá esa sea su disculpa para dejarse arrastrar por Stark. Tras la primera derrota del político (cuando es utilizado como señuelo en las elecciones a gobernador), Jack se aleja de todos, incluso de Anne Stanton (Joanne Dru), y deambula buscándose a sí mismo durante cuatro años, hasta que finalmente regresa con Willie, porque ese es el lugar que cree corresponderle. Jack sabe que su amigo emplea métodos poco éticos, pero se niega a reconocer que el hombre en quien cree ha cambiado, aunque su comportamiento resulte despótico, cercano a la autoridad dictatorial similar a la empleada por aquellos a quienes años atrás censuraba. Para Willie Stark el fin justifica los medios, convicción moral que dice muy poco en favor de su integridad, cualidad ésta que debería ser innata a cualquier político, pero por desgracia el poder y el regocijo que éste le produce saca a relucir su verdadero yo. Stark se confirma como un individuo capaz de cruzar, sin el menor esfuerzo, la línea que separa lo ético de lo no ético con tal de adquirir el poder que finalmente consigue, y que pretende conservar a cualquier precio, aunque para ello deba utilizar a Jack, supuesto amigo, a Sadie Burke (Mercedes MacCambridge), secretaria y amante, a Lucy Stark (Anne Seymour), sacrificada esposa, o a su hijo Tom (John Derek), a quien empuja hasta límite. En El político (All the King's Men), Robert Rossen abordó el tema de la política desde un supuesto hombre hecho a sí mismo, que parte de la nada y se decide a luchar por ser reconocido y escuchado, alcanzando un reconocimiento social gracias a denunciar las carencias e injusticias que afectan al pueblo (el accidente de la escuela le convierte en el caballero andante de las masas), pero que se deja arrastrar por el atractivo del poder. Willie Stark logra su objetivo, construye escuelas, carreteras, hospitales, pero su ego le delata, pues todo cuanto realiza lleva su nombre, ya sea la autopista estatal en la que su hijo sufre el accidente en el que pierde la movilidad o el hospital que Adam Stanton (Shepperd Strudwick) se niega a dirigir, porque rechaza tener cualquier tipo de relación con un hombre a quien considera corrupto. La falta de ética de Stark es innegable, se descubre en su manera de hablar, de actuar o en sus relaciones fuera de un matrimonio que necesita para salvaguardar las apariencias, pero del que se desentiende en cuanto se convierte en el hombre más poderoso del Estado. Todos aclaman a Stark, incluso Anne se deja impresionar por sus discursos y su fuerza animal, pero lo que no saben sería que Stark es un político que posiblemente nunca ha creído ni en las palabras que le han llevado hasta la cima ni en los electores que han confiado en él. Cuanto hace siempre parece hecho para satisfacer su ambición o para calmar los complejos creados por el poder y la gloria, a los que concede la importancia máxima, aunque inicialmente no quiere reconocerlo. Desde el momento en el que se convierte en el líder del Estado (cuatro años después de la burla electoral en la que comprendió cómo ganar, produciéndose de ese modo un cambio en su comportamiento), Willie Stark muestra su verdadero rostro, el mismo que ni Jack ni Anne desean ver, cagados por la falsa imagen que se han formado de un político deshonesto, capaz de coaccionar, chantajear e incluso asesinar para mantener un poder que cree de su exclusividad, cuando en realidad éste reside en ese pueblo engañado que le ovaciona y apoya.

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