domingo, 12 de agosto de 2012

Teresa Raquin (1953)

La adaptación de la novela homónima de Emile Zola realizada por Marcel Carné y Charles Spaak se centró en la segunda y tercera parte de la narración, haciendo referencia a la primera mediante alusiones que descubren la infancia de Thérése (Simone Signoret) en el campo, antes de contraer matrimonio con su primo, de quien, aparte de esposa, se convirtió en su enfermera y en su criada. Su matrimonio con Camille Raquin (Jacques Duby) habría sido forzado por la madre de este (Maria Pia Casilio), una mujer dominante y posesiva que vería en la joven Thérése a alguien capaz de soportar el sacrificio que conlleva una existencia dedicada en exclusiva al cuidado de un ser de débil carácter y de precaria salud, un hombre condicionado por la asfixiante sombra materna que lo ha convertido en el individuo egoísta y acobardado que se observa en el presente en el que se abre la película de Carné. Los años han transcurrido y la juventud de Thérése amenaza con desaparecer condenándole para siempre a ser la posesión y el consuelo de aquel a quien nunca ha amado y para quien no significa más que la falsa idea de seguridad al retener a su lado a alguien que vele por su bienestar. De tal manera, nada importan las necesidades y los sentimientos de una mujer que parece resignada a continuar atrapada en una vida que ni le llena ni le satisface hasta que, acompañando a Camille, Laurent (Raf Vallone) se presenta en su hogar. Sus miradas y sus palabras se cruzan delatando que pronto surgirá un romance apasionado, clandestino y dominado por un ardor que ella no ha encontrado en la mentira matrimonial de la que desea escapar, pero de la que no puede huir porque teme que su marido sufra una crisis que acabe con su vida. Pero Laurent insiste para que lo deje todo e inicien una existencia en común que les aleje de esas monotonía gris que ha dominado los días de Thérése al lado de alguien que nunca la ha visto como él lo hace. El drama expuesto por Marcel Carné retrata a personajes atormentados en manos de un destino que decide por ellos, antes, durante y después del asesinato no premeditado de Camille en el tren con destino París, donde Laurent se presenta para llevarse a su amada y donde pierde el control sobre sus actos como consecuencia de los gritos y amenazas de un marido dispuesto a todo con tal de retener a su mujer, aunque sea contra la voluntad de ella, la misma que él nunca ha contemplado porque se aferra a la creencia de que la ley está de su parte, repitiendo una y otra vez que puede hacer lo que quiera con su esposa, como si esta no fuese más que un objeto de su posesión. La muerte de Camille marca el devenir del romance y de los enamorados, ya que a partir de ese instante se gesta su propia desgracia y la transformación de su entorno, dentro del cual se acentúa una atmósfera de amenaza y turbación que sustituye al amor que da paso a los reproches y a la culpabilidad que dominan en Thérése cuando la policía le muestra el cadáver y le hace partícipe de la sospecha de que la muerte de esposo no fue accidental.

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