jueves, 16 de agosto de 2012

Horas desesperadas (1955)


En la parte final de su carrera artística Humphrey Bogart interpretó un personaje similar a aquellos que lo afianzaron dentro de la Warner Bros. en la década de 1930, un criminal sin escrúpulos que no piensa detenerse hasta conseguir su propósito, sin embargo, existen varias diferencias entre aquellos personajes y el de Horas desesperadas (The Desperate Hours), ya que en el film de William Wyler el protagonismo recae sobre ese personaje, enfrentándole a otro gran actor de la época dorada de Hollywood, Fredrich March, quien encarna a Dan Hilliard, padre de familia que debe hacer frente a una situación extrema que amenaza su vida y la de los suyos. Otra gran diferencia que presenta Horas desesperadas con respecto a los delincuentes interpretados por Bogart se descubre en su evidente cansancio físico, debido a su precaria salud, que aporta a su personaje la sensación de que se encuentra ante su última oportunidad para conseguir lo que se propone. La familia Hilliard es como cualquier otra, un matrimonio con hijos, con su casa de dos plantas, su jardín y la bicicleta del pequeño tirada sobre la hierba, cuestión que puede pasar por una simpleza sin importancia, pero para Glenn Griffin (Humphrey Bogart) sí la tiene, ya que elige ese hogar precisamente por el vehículo de dos ruedas que delata la presencia de niños. La certeza de que los padres no arriesgarían la vida de sus vástagos es un motivo de peso para que Griifin se decida a utilizar el hogar Hilliard como escondite mientras aguarda la llegada de su chica y del dinero que ésta debe traer consigo. La presencia de los tres evadidos atemoriza a la familia, conscientes de que cualquier contrariedad puede ser la escusa para que los criminales den rienda suelta a su violencia. Ni los padres ni los hijos actúan por el temor a perder sus vidas, más bien parece que acatan las órdenes de Griffin por miedo a que sus captores, que nada tienen que perder, acaben con las vidas de sus seres queridos. La coacción es la mejor arma de los fugitivos, ya que saben que sus rehenes acatarán cuanto se les diga, sin intentar heroicidades de ningún tipo, salvo las del pequeño Ralphie (Richard Eyer), que lo intenta en varias ocasiones, intentos inocentes e infantiles que aumentan la tensión de una situación ya de por sí agobiante y desesperante. Hilliard es un hombre que no pierde la cabeza, mantiene el control de sus actos y de sus pensamientos, a pesar de encontrarse aterrorizado por lo que pueda suceder, sin más remedio que aguardar hasta que los criminales decidan marcharse, acción que pretende acelerar ofreciendo dinero a Griffin, además de ofrecerse como rehén cuando abandonen la casa, evitando de ese modo que se lleven a cualquier otro miembro de la familia. Pero todo se tuerce a raíz de la discusión entre Griifin y su hermano (Dewey Martin), harto de una vida de delincuencia abandona el refugio para, poco después, ser abatido empuñando el arma registrada a nombre de Dan C.Hilliard, hecho que pone a la policía sobre la pista del paradero de los criminales, una pista que aumenta la sensación de peligro que se cierne sobre la familia Hilliard.

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