miércoles, 1 de agosto de 2012

El árbol de la vida (2011)

El lenguaje cinematográfico empleado por Terrence Malick puede gustar más o menos, pero lo que no plantea discusión sería que en todas sus películas los personajes reflexionan sobre su entorno y aquellas preocupaciones existenciales que les obliga a profundizar también en sus vidas y en las dudas que guían sus comportamientos. El árbol de la vida (The Tree of Life) crece desde el interior de sus personajes, sus dudas vitales surgen desde que se toma conciencia de ser, como le ocurre a Jack (Hunter McCracken), un niño que no comprende ni comparte la rigidez paterna de un padre (Brad Pitt) que no sabe cómo enfocar la educación de sus hijos, decantándose por emplear la autoridad para guiar un crecimiento que necesita una actitud más profunda para un mayor acercamiento. Jack crece dentro de la incomprensión que le produce cuanto observa, generando preguntas a las que no encuentra respuestas lógicas, al tiempo que descubre aspectos vitales como el amor, el rechazo o la muerte. Tanto el universo visual como el interior de los personajes presenta metáforas que, por momentos, provocan que lo expuesto resulte artificial, afectando a la credibilidad de los planteamientos existenciales, ya que parecen forzados por la necesidad de un director que, deseando comunicar, cae en el error de olvidarse de que la forma más simple y eficaz para lograrlo es desde la sencillez y la sinceridad. El árbol de la vida guarda aspectos comunes con La delgada línea roja (The Thin Red Line), sin embargo carece de la profundidad de aquella, pues la continúa necesidad de pretender un significado con cada reflexión o imagen impide el equilibrio entre cine y filosofía; no obstante, resulta valiente asumir el riesgo de profundizar en el por qué o el cómo de cuestiones que afectan al individuo como ser pensante lleno de interrogantes. Las dudas del joven Jack se convierten en una tortura para él, mostrando un comportamiento y unos pensamientos que marcan su futuro, cuando un Jack adulto (Sean Penn) no encuentra satisfacción en una vida que le ahoga y desconcierta. Observar la evolución existencial de El árbol de la vida puede resultar un ejercicio denso, no por su planteamiento metafísico sino por el constante esfuerzo de mostrarlo, pues resulta evidente que las dudas existen, y también la falta de respuestas; por lo que hubiera sido más acertado utilizar una naturalidad que sus personajes no muestran y que permitiría la trasmisión de la esencia de Jack y familia, y de cuanto les afecta, sin que estuviesen obligados a insistir una y otra vez en algo tan obvio como la realidad de ser seres complejos, con comportamientos complejos, quizá (para quien escribe) es ahí donde reside el mayor problema de la película de Terrence Malick, que deseando expresar las conexiones existentes entre los seres y aquello que les rodea (naturaleza) llega a presentar a individuos que parecen irreales, carentes del alma que se intenta mostrar.

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