viernes, 3 de agosto de 2012

El amigo americano (1976)

Las distintas adaptaciones cinematográficas del personaje creado por Patricia Highsmith presentan a un Tom Ripley diferente, no sólo porque fueron diversos actores los encargados de prestarle rostro, sino porque no parece ser el mismo individuo. ¿Será porque Tom no sabe quién es en realidad o porque cada actor lo ha interpretado acorde con su personalidad artística o por los distintos enfoques planteados por los directores? Quizá la respuesta se encuentre en una combinación de afirmaciones de estos y otros "porque". El Tom Ripley de El amigo americano (Der Amerikanische Freund) parece alejado de su entorno, quizá por ello, a primera vista, resulta menos amenazador y menos refinado que el ambicioso Ripley interpretado por Alain Delon en A pleno sol (Plein soleil), pero en realidad resulta tan letal o más que aquel, probablemente porque los años transcurridos entre ambos relatos (El talento de Ripley El juego de Ripley) Ripley haya madurado y perfeccionado su ausencia de inquietudes ético-morales o puede que Win Wenders mostrase a su Ripley como a un hombre que vive entre dos mundos sin llegar a pertenecer a ninguno de ellos. El amigo americano (Der Amerikanische Freund) se inicia con Dennis Hopper Nicholas Ray (uno de los directores favoritos del realizador alemán, también Samuel Fuller interpreta un pequeño papel), manteniendo una conversación en la que barajan la posibilidad de vender más cuadros del segundo, un pintor que todos dan por muerto (posiblemente el propio Ray experimentaría un caso similar durante los últimos compases de su vida). Ripley (Dennis Hopper) se traslada a Hamburgo para subastar la pieza de Dewart (Nicholas Ray) en una puja donde coincide con Jonatthan Zimmerman (Bruno Ganz), el hombre que desprecia su apretón de manos cuando les presentan, hecho que Ripley tiene muy presente cuando escucha que se trata de un restaurador aquejado de una grave enfermedad sanguínea. Ripley emplea esa información para resarcirse, así pues cuando Minot (Gerard Blain) le pide que le devuelva un favor, le recomienda que manipule al restaurador y le utilice para sus fines. Ripley se encarga de extender el rumor del agravamiento de la enfermedad de Zimmermann, hecho que unido a los análisis médicos amañados por Minot y a su creciente preocupación por morir sin dejar nada a su esposa (Lisa Kreuzer) e hijo, le provocan la ansiedad y el miedo. Minot, como si se tratase de un Mefistófeles moderno, conocedor del momento por el que atraviesa su Fausto, se presenta ante él y le propone comprar su alma (convertirle en asesino) a cambio de una cantidad de dinero que aseguraría el futuro de su familia. El restaurador rechaza la propuesta, aunque no tarda en dejarse convencer porque sabe que su enfermedad ha acabado con él, y sólo es cuestión de (poco) tiempo que se vaya al otro barrio, dejando desprotegida a su familia. Wim Wenders se centró en mayor medida en la figura del enfermo que en la del manipulador Tom Ripley, mostrando el deterioro emocional del primero, que afecta a su relación con su esposa, al tiempo que le transforma del individuo pacífico y familiar que siempre ha sido al asesino en el que se convierte en los últimos momentos de vida, que disfruta en compañía del americano, quien acude en su ayuda en un segundo encargo porque siente algo por su víctima, pero nunca podría ser amistad, aunque sí un acercamiento entre dos comportamientos distintos.

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