lunes, 13 de agosto de 2012

Atrapado por su pasado (1993)


Las buenas intenciones y los nuevos comienzos a menudo se encuentran supeditados a circunstancias ajenas al individuo, más aún si éste es un ex-traficante puertorriqueño a quien se le observa tendido sobre una camilla desde la que piensa y relata los hechos que le han llevado hasta ella. La historia retrocede hasta la sala del tribunal donde Carlito Brigante (Al Pacino) recupera su libertad tras cinco años entre rejas; en ese mismo instante se crea una deuda de la que es consciente, porque, a su manera, Carlito es un hombre de honor y sabe que debe su vida a David Kleinfeld (Sean Penn), su abogado, su amigo y el responsable de su puesta en libertad. Carlito siente de nuevo la sensación de libertad que tanto habría añorado durante su estancia en presidio, donde no le faltó tiempo para reflexionar y comprender que desea una nueva vida, alejado de la criminalidad que ha conocido hasta entonces. Carlito Brigante no siente la amenaza que se cierne sobre él, convencido de que su tiempo de delincuente ha finalizado; incluso las calles, que antaño recorría y ahora no reconoce, parecen decirle que ese ya no es su lugar; nada le retiene allí, él lo sabe, y en cuanto consiga los 75.000 dólares que necesita para abrir un negocio de alquiler de coches en las Bahamas se marchará para siempre. Pero todo apunta a que el nuevo Carlito no podrá alcanzar su meta cuando la violencia, que no se ha olvidado de él, se presenta en un local en el que nunca debió entrar y del cual le cuesta salir, a pesar de que lo haga con varios miles de dólares con los que no contaba. Carlito sabe que ha cometido un error, al menos su voz en off, que habla en tiempo presente, apunta esos errores que gestan un camino distinto al deseado, que le aleja de su intención de abandonar un pasado del que sólo desea retener la presencia de Gale (Penelope Ann Miller), a quien pretende recuperar para su futuro en Paraíso. Atrapado por su pasado (Carlito's Way) muestra a un hombre que (desde el momento inicial del film) sabe que no ha podido alcanzar su objetivo, a pesar de haberlo intentado, como consecuencia del cúmulo de circunstancias que narra, que no controla y que le apartan de su propósito de convertirse en alguien diferente. Carlito consigue su oportunidad para alcanzar su objetivo cuando, de manera fortuita e inesperada, se hace con el dinero suficiente para entrar en el negocio propuesto por David, que consiste en dirigir un local por donde campan viejos y nuevos rostros, jóvenes delincuentes como Benny Blanco (John Leguizamo), sedientos de la gloria y del poder que años atrás ostentaría el propio Brigante. Carlito sabe que no debería fiarse de nadie, ni siquiera de quienes dicen ser amigos, pero en ese ambiente se siente cómodo y seguro, porque cree conocerlo, a pesar de ya no ser el mismo de antes. Maneja el negocio con pulso firme, consciente de que cuanto mejor funcione antes podrá largarse, pero su entorno es incontrolable y surgen problemas con los que no habría contado cuando decidió dar la espalda a la violencia y al crimen que le ha perseguido desde niño. El acoso policial o el enfrentamiento con Benny Blanco son advertencias que delatan el peligro que corre su visión del paraíso, un sueño que se rompe definitivamente cuando debe saldar su deuda con David, pues éste le pide ayuda para llevar a cabo un mal asunto, relacionado con un capo de la mafia que le acusa de haberle birlado un millón de dólares. El sueño efímero de Carlito se nutre con la presencia de Gale, porque ella forma parte de esa ilusión que persigue mientras intenta abandonar un pasado en el que se encuentra atrapado, porque su forma de ser le obliga a permanecer en él para ayudar a ese amigo que ha traspasado el límite del que Carlito quiere alejarse, pero con el que siempre se encuentra.

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