domingo, 12 de agosto de 2012

Almas desnudas (1949)

Durante la década de 1930 y los primeros años de la siguiente se produjo la salida de europeos hacia el continente americano, cuestión que no fue ajena al ámbito cinematográfico. Nombres como Billy WilderWilliam DieterleFritz LangJean Renoir Max Ophüls cruzaron el charco para poder continuar con sus vidas y sus ideas. La suerte de estos y otros emigrantes fue dispar, ya que algunos, como el caso de Billy Wilder William Dieterle, lograron adaptarse a su país de acogida, mientras que otros, como Renoir Ophüls, nunca llegarían a encontrarse cómodos dentro de la industria hollywoodiense, aunque dicha sensación no impidió que ambos realizasen títulos tan destacados como Memorias de una doncella (Diary of a Chambermaid, 1946) El hombre del sur (The Southerner, 1945) (ambas de Jean Renoir), Carta de una mujer desconocida (Letter from a Unknown Woman, 1948) o Almas desnudas (The Reckless Moment, 1949), un destacado melodrama negro producido por el productor independiente Walter Wanger. Además de ser su última película americana, Almas desnudas es, junto a Atrapados (Caught, 1949), la película de Ophüls que mejor encaja dentro del cine realizado en Hollywood. Aun así, se trata de un melodrama plenamente ophulsiano, que presenta características comunes a otras películas del director alemán, como serían el protagonismo absoluto recae en una mujer atormentada y atrapada por una circunstancia que le aparta de sus propias necesidades, ya que en ella recaen responsabilidades que ocupan todo su pensamiento. El mayor problema con el que inicialmente se enfrenta Lucia (Joan Bennett) tiene que ver con la relación sentimental que su hija Bea (Geraldine Brooks) mantiene con Ted Darby (Shepperd Strudwick), hombre maduro que pretende aprovecharse de ella, y que aceptaría dejarla en paz a cambio de dinero. Lucia tras reunirse con Darby, y descubrir que clase de individuo es. confiesa a Bea las intenciones de éste, las mismas que Bea se niega a creer y que delatan que sólo sería un entretenimiento para él. Bea discute con sus madre antes de abandonar la casa para reunirse con su maduro don Juan, de quien escucha que le vendría bien conseguir el dinero que le ha ofrecido su madre; en ese momento la joven comprende que Darby no dudaría en utilizarla para su beneficio. Nerviosa y desengañada le golpea, y le abandona en la oscuridad de la noche, pero cuando regresa al hogar no puede ocultar ni su temor ni su preocupación, ya que piensa que ha podido matarlo. Una vez más Lucia asume su condición de madre, y sale a comprobar si el indeseable sigue en el embarcadero, aunque no le encuentra por ninguna parte, al menos no hasta la mañana siguiente, cuando el cadáver de Ted Darby aparece en la playa, al lado del ancla que sirvió como arma homicida. Lucia retoma su rol de protectora y oculta la prueba del delito, sin embargo, no tarda en presentarse un desconocido, Martin Donnelly (James Mason), que aumenta su sensación de encontrarse atrapada en una vorágine que pone su vida y la de su familia en serio peligro. Donnelly y su socio tienen en su poder las cartas que Bea escribió a Ted, las mismas que entregarán a la policía si Lucia no paga los 5000 $ que le exigen. Donnelly semeja hastiado del ambiente en el que se mueve, al menos esa es la impresión que se desprende de su relación con Lucia, pues no cabe la menor duda de que la juzga como un ser especial, capaz de sacrificarse por proteger a quienes ama y de soportar la presión a la que está siendo sometida sin derrumbarse. Ambos son seres incompletos e insatisfechos que cruzan sus caminos por un capricho del destino, que implica un riesgo para Lucia y crea en Donnelly la necesidad de protegerla y amarla, pero consciente de que nunca podrá ser correspondido, ya que ella parece despreciarle a pesar de su sinceridad y de su proteccionismo.

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