lunes, 18 de junio de 2012

El águila negra (1925)


En su penúltima película, la estrella de cine mudo Rudolph Valentino encarnó al personaje principal de la obra Dubrovsky, escrita por Alexandr Pushkin, Vladimir Dubrovski, teniente de la guardia imperial de Catalina II (Louise Dresser). Su cercanía a la zarina tiene consecuencias negativas para el joven Dubrovski, quien ve como su cabeza es puesta a precio tras negarse a satisfacer los deseos íntimos de su alteza imperial (amante insaciable y caprichosa, no en vano, una de sus primeras acciones es firmar la sentencia de muerte de su antiguo amante). Dubrovski abandona la capital no por su rechazo a los encantos de la emperatriz, sus motivos tienen que ver con la familia y con el honor, y se descubren en la carta escrita por su padre, en la que le describe la situación que se vive en su villa natal, donde Kyrilla Troekouroff (James Marcus), el hombre más poderoso de la zona, se ha apoderado ilegalmente de las tierras de la familia Dubrovski. Cuando Vladimir se presenta en su hogar, su padre agoniza y, tras su muerte, jura no descansar hasta que Kyrilla Troekouroff y su descendencia hayan pagado por su crimen. Como consecuencia de su juramento toma la justicia por su mano, convirtiéndose en el bandido conocido como "el águila negra", una especie de Robin Hood que roba a los ricos (Kyrilla) y se esconde con su grupo de proscritos en los bosques cercanos. Sin embargo, la aparición de una hermosa muchacha (la hija de su enemigo) provoca la historia de amor que dominará hasta el final del film. Para conquistar a Mascha (Vilma Bánky), Vladimir es consciente de que no puede ser él mismo, por eso decide tomar la identidad del maestro francés contratado por Kyrilla para completar la educación de su hija, y así tener acceso a ella. La proximidad entre ambos jóvenes produce sentimientos contrarios, máxime cuando Mascha descubre las intenciones de Dubrovski. Visualmente El águila negra (The Eagle) es excelente para la época de su filmación, no obstante, el film ha perdido parte de su encanto con el inevitable paso del tiempo, atrás queda aquella inocencia de un cine de aventuras prácticamente virgen, con todo un universo por explorar y con unos personajes que transmitían emociones que harían las delicias de un público que se evadía gracias a un medio al alcance de todos. Pero los años no han afectado de igual manera a las producciones del periodo mudo, ya que existen obras que continúan tan vigentes y modernas como el día de su estreno, mientras que otras han perdido parte su esencia, como sería el caso de este primer gran éxito de Clarence Brown, quizá porque el director se limitó a seguir una línea marcada con anterioridad, consciente de que funcionaría, pero vista actualmente produce cierta sensación de lentitud a la hora de abordar una historia que precisa de un mayor equilibrio entre la acción y la entidad emotiva de sus personajes.

Como nota curiosa habría que comentar la presencia en el reparto de Gary Cooper, uno de los mejores actores que ha dado Hollywood, aunque su papel no tiene la menor relevancia. 

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