martes, 29 de mayo de 2012

Irma la dulce (1963)


¿Qué mejor idea para apartar de la calle a la prostituta de quien se ha enamorado que convertirse en su agente comercial y en su único cliente? ¿Y qué mejor para Billy Wilder que su actor preferido para sus comedias encarnase a ese "pequeño burgués" que se ve superado por cuanto observa, pero que no se rinde en su empeño de reformar a su musa? Irma la dulce (Irma la douce) se ubica en un barrio parisino, alejado de los lugares turísticos de postal, una zona viva repleta de trabajadores, y también de vagos y maleantes que sobreviven gracias a las ganancias de unas protegidas que hacen la calle, o la ocupan. Cuando el agente Nestor Patu (Jack Lemmon) realiza su primera ronda por el barrio observa a unas chicas que le crean cierto recelo; sospecha que comparte con la agradable joven que sostiene a una caniche entre sus brazos. Pero Nestor no tarda en comprender que ella también es una mujer de vida disipada, conocida como Irma la dulce (Shirley MacLaine), la número uno en su oficio, como demuestra la elegancia y el diente de oro que luce su protector: Hippolyte (Bruce Yarnell); sin embargo, Irma parece distinta a las demás. La primera reacción del honesto policía muestra su inocencia y desorientación dentro de un entorno donde es el único que desconoce que en el hotel Casanova no se echan siestas; tampoco se percata de que los protectores de las alegres muchachas han introducido billetes en su sombrero, costumbre que los anteriores agentes parecían aceptar de buen grado. La integridad y la moral de Nestor choca con la de los hombres y mujeres que pesca infraganti en ese hotel donde también se encuentra el inspector Lefevre (Herschel Bernardi), a quien no reconoce y con quien se reencuentra poco después en la jefatura de policía. El futuro policial de Nestor desaparece tras una lluvia de francos que le conduce directamente al desempleo y, sin saber adónde ir, regresa al lugar de los hechos. Para un individuo inocente, apenas corrompido por los sinsabores de la vida, resulta complicada una situación que le lleva de nuevo al bar de Moustache (Lou Jacobi), donde Irma, otro ser inocente a su manera, le abre su corazón al ofrecerle su casa y el puesto de Hippolyte; eso sí, después de que Nestor, a quien apodarán "el tigre", dé una asfixiante lección de cómo utilizar una bola de billar a ese chulo del diente de oro que maltrata constantemente a su chica. La vida de Nestor sufre un cambio radical al enamorarse perdidamente de Irma, a quien quiere apartar de la puerta del Casanova y convertirla en una mujer honrada, pues el trabajo de Irma provoca sus celos y su inestabilidad emocional, cuestión que confiesa a Moustache (excelente personaje secundario) antes de poner en marcha el plan que aleje a Irma de los brazos de otros hombres. El nacimiento de Lord X se produce tras esa conversación que desvela que Moustache ha vivido todo tipo de experiencias, pero, como él dice: esa es otra historia; porque en ésta lo importante es la decisión de Nestor de crear un personaje que debe convertirse en el único cliente de Irma. A primera vista parece que la idea no está nada mal, pero inmediatamente surge el primer inconveniente: el dinero. Moustache proporciona los primeros 500 francos para que Lord X pague a Irma, y ésta se los entregue a Nestor, quien debe devolverlos al hombre del bigote, y así una y otra vez; en teoría semeja un sencillo movimiento de divisas que contenta a todos, pero la realidad económica no se ajusta al plan. Cuando Irma se presenta en el bar y entrega a Nestor el dinero de la primera sesión con el excéntrico millonario, los muchachos lo celebran por todo lo alto, y deciden nombrar al tigre presidente de la asociación de chulos de París, liderazgo que Nestor asume emocionado (no por el nombramiento en sí, sino por el éxito de su idea), ajeno a que la celebración corre a su cuenta, mejor dicho a la de Moustache, quien se niega a dejarle otra vez la misma suma. El flamante directivo del gremio chulesco se encuentra en un aprieto para poder financiar a Lord X, pero debe conseguir otros quinientos si pretende que Irma sólo sea para él; el único medio que encuentra un hombre honrado metido a chulo para ganar dinero es trabajar a destajo en el mercado; eso sí, sin que Irma se entere de sus salidas nocturnas, ya que podría pensar que se la está pegando con otra u otras colegas de profesión. La historia de Nestor e Irma se encuentra repleta de ironía y humor, aderezada con la acidez habitual de un genial director y guionista que realizó una inteligente sátira de esa moral representada por Nestor, quien no tarda en alterarla (o disfrazarla) para reformar a Irma, llegando al extremo de inventar un cliente y luego asesinarle, cansando de matarse a trabajar para ese Lord imaginario que le ha sumido en un estado que le aleja de Irma.

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