lunes, 2 de abril de 2012

Matrix (1999)

Desde 2001, una odisea del espacio, pasando por Terminator, hasta llegar a Matrix, la I.A. ha causado estragos cinematográficos a la raza humana, mientras en la primera se trata de un ataque aislado en un espacio reducido, en la segunda se globaliza a todo el planeta, en un futuro (al que se alude sin mostrar) en el que los seres artificiales han decidido eliminar a sus creadores; en Matrix, una Inteligencia Artificial similar ha decidido sacar provecho del ser humano, convirtiéndolo en una fuente de energía con la que poder alimentar sus baterías o circuitos eléctricos. “Despierta, Neo” es la frase que abre los ojos de un durmiente que está a punto de descubrir la realidad que intuye, pero que no comprende. Neo (Keanu Reeves) no duda de su existencia en 1999, dentro de una civilización que observa y siente, pero consciente de que no le llena, porque existe algo más que se le escapa. La intromisión de Trinity (Carrie-Anne Moss) en el ordenador del hacker inicia el proceso de descubrimiento y cambio, que concluye (en su primera fase) en una sala inexistente donde Morfeo (Laurence Fishburne) ofrece a Neo dos opciones: píldora azul, todo volverá a ser como antes, o píldora roja, una verdad desoladora, pero auténtica. Matrix les envuelve, sin sospechar que están siendo utilizados al antojo de un programa que les indica qué sentir o qué pensar; cuanto poseen es fruto de la alteración que ejerce en sus mentes. Resulta una falsedad tan real como podría ser la vida misma, ya que afecta directamente al cerebro, donde se interpreta la información que creen les llega de sus sentidos, pero se trata de una realidad virtual que les mantiene aletargados y atrapados, sin que comprendan la única verdad: sólo son pilas. “Los seres humanos ya no nacemos, se nos siembra”, dice Morfeo, mientras muestra a Neo el mundo real; un mundo en tinieblas, sin sol, destruido como consecuencia de la lucha entre los humanos y las máquinas. La pregunta ¿quién empezó? carece de importancia, lo que realmente importa es que existe un pequeño núcleo de resistencia que se cuela en Matrix, para poder luchar contra ella desde dentro, conscientes de que la última esperanza para los seres humanos consiste en encontrar al elegido. Morfeo está convencido de que Neo es el hombre que puede cambiar Matrix a su voluntad, esa fe inquebrantable se materializa en una responsabilidad para esa posible reencarnación del hombre del que habla la leyenda, aquel que les devolverá la libertad. La historia que narra Matrix se expone desde una acción frenética que muestra el enfrentamiento entre Neo (y compañía) y un programa (casi) insensible y letal, el señor Smith (Hugo Weaving), el hombre de negro que persigue a los rebeldes, y que a pesar de no ser humano confiesa estar cansado de vivir dentro de un programa que odia. Matrix resultó un éxito colosal, ofreciendo las escenas de acción desde una perspectiva atractiva y novedosa, como se observa en la impactante escena inicial, en la que Trinity huye de los hombres de negro que pretenden atraparla o en el asalto a la comisaría donde retienen a Morfeo; dicho estilo sería imitado en films posteriores, pero sin llegar al nivel que se mostró en esta primera entrega de la trilogía Matrix (las otras dos serían innecesarias, pero un éxito tan apabullante suele aprovecharse). Los hermanos Wachowsky dirigieron y también escribieron un guión que bebe de diversas fuentes y que presenta lagunas como la capacidad de Cifra (Joe Pantoliano) para entrar en Matrix sin ayuda, cuando el resto de sus compañeros de nave necesitan a un operador que les introduzca y saque de la red; este hecho, que se produce cuando se reúne con el agente Smith, daría al traste con el sentido de la narración, sin embargo, mejor no entrar en detalles argumentales y disfrutar de una película de ciencia-ficción de ritmo trepidante en la que los buenos, una vez más, luchan por liberar a la humanidad y los malos, como de costumbre, por esclavizarla o erradicarla.

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