viernes, 20 de abril de 2012

El secreto de Santa Victoria (1969)

Santa Vittoria es un pueblo que vive ajeno a la guerra, pero la guerra no es ajena al pueblo, por eso no tardará en verse envuelto en el conflicto, pero desde una perspectiva distinta a la de los soldados del frente. Los habitantes de Santa Vittoria también deben vencer al enemigo, pero lo harán con la astucia y la mentira, porque no puede consentir que se le robe lo único que poseen. Fabio (Giancarlo Giannini) entra en el pueblo gritando que Mussolini ha muerto, pero sus vecinos tardan en comprender el significado de sus palabras: el fin de la opresión fascista. La antigua autoridad sabe que la única opción para salvar el cuello es la de escuchar a las masas, y lo que oyen son voces y más voces que aclaman al vinatero Bambolini (Anthony Quinn); si esa es la decisión del pueblo, él será el nuevo alcalde. Ahora Bambolini es el representante de sus vecinos, aunque todos tienen una opinión de él similar a la de Rosa (Anna Magnani), su esposa. Rosa y Bambolini siempre están discutiendo, aunque mejor sería decir que Rosa siempre le reprocha su conducta de payaso borracho; hasta que, literalmente, le echa a patadas de casa. Bambolini no se ha roto ningún hueso (los necesitará más adelante para enfrentarse a los alemanes) y se acomoda en el ayuntamiento, donde, a parte de dormir, saca a relucir sus cualidades políticas, como demuestra su brillante idea de nombrar un consejo de gobierno compuesto por las personalidades más relevantes de la villa. Como comienzo de mandato no se le puede pedir más a ese hombre a quien se le acusa de no saber hacer nada, y que tendrá que aplicarse a fondo cuando Fabio regresa con la noticia de que, en de pocos días, los alemanes llegarán Santa Vittoria para llevarse el vino. En las bodegas de Santa Vittoria reposan alrededor de 1.317.000 botellas, el único tesoro que poseen y que no pueden permitir que caiga en manos de los invasores, pero ¿cómo engañarles? Carlo (Sergio Franchi), el desertor, tiene la respuesta: esconderlas tras las paredes de la cueva romana que se encuentra a las afueras. La idea es del gusto de Bambolini, quien la anuncia sin demora para que todos y cada uno de los habitantes de Santa Vittoria colaboren formando una cadena humana por la que desfilarán 1.000.000 de botellas; dejando poco más de 300.000 para que los alemanes no sospechen de la tomadura de pelo de la que serán víctimas. La primera parte de El secreto de Santa Victoria (The Secret of Santa Vittoria) muestra a la población eufórica tras el derrocamiento de las autoridades anteriores, a quienes arrestan y a quienes utilizan en un momento crucial para el pueblo. Durante el periodo de calma que precede a la llegada del capitán Von Prum (Hardy Kruger) se expone la inestable relación entre Bambolini y Rosa (la presencia de Anthony QuinnAnna Magnani es lo mejor de la película), pero también se muestra el amor que surge entre la condesa Caterina (Virna Lisi) y Carlo, pertenecientes a dos clases sociales diferentes que les ha mantenido separados en el pasado, o los sudores y temblores corporales que dominan a Angela (Patrizia Valturri), la hija de Bambolini y Rosa, cada vez que Fabio se encuentra presente. Bambolini como hombre inteligente que es, no sabe cómo resolver el problema de su hija, así pues, como haría cualquier buen alcalde, delega en alguien (Rosa) para escurrir el bulto. Con la aparición del invasor la situación cambia, y Bambolini muestra su valía y su valor al engañar a los alemanes de manera convincente; éste alcalde, considerado un payaso, arriesga su vida por el vino, por Santa Vittoria y por recuperar el amor de su mujer, la única persona capaz de decir cuanto piensa, a pesar de que con sus palabras ponga su vida en peligro. Pero el capitán Von Prum no es un asesino, es un soldado, por eso sus métodos no son tan crueles como los que emplearía la SS o el oficial que la representa y que representa el verdadero peligro para el vino que tanto significa para el pueblo.

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