miércoles, 11 de abril de 2012

El hombre sin piernas (1920)

El prólogo de El hombre sin piernas (The Penalty) muestra a un inexperto doctor que acaba de amputar las piernas a un niño. En ese momento piensa que le ha salvado la vida, sin embargo, no tarda en descubrir la negligencia que ha cometido cuando otro médico le informa de su equivocación, sin que ninguno de ellos sea consciente de que el muchacho escucha la conversación. No obstante, el cirujano veterano asume ocultar el hecho a los padres del paciente, a quienes asegura que el doctor Ferris (Charles Clary) ha salvado la vida de su hijo mientras el pequeño repite que no es verdad. Los años pasan y las imágenes se centran en un individuo sin piernas que se ha convertido en el jefe de los bajos fondos, un hombre dominado por la locura generada por su mutilación. Blizzard (Lon Chaney) es un criminal sádico, carente de pensamientos positivos, los ha olvidado, y solo la música le proporciona un instante de humanidad, circunstancia que se descubre cuando toca el piano, ayudado en los pedales por los pies de la mujer que escoge como favorita dentro de una especie de harem en el que Rose (Ethel Grey Terry) se infiltra para encontrar pruebas con las que acabar con su reinado de terror. Esta agente se convierte en la favorita de Blizzard, quien descubre en ella su complemento ideal para la música, cuestión que le salva la vida cuando el terrible criminal descubre su traición. Pero la historia de El hombre sin piernas (The Penalty) no se centra en la intriga policial, sino en la psicológica que profundiza en la perversidad de un individuo trastornado, que no puede olvidar al hombre que le condenó a su estado actual, y que ha generalizado su odio hacia quienes conservan sus dos piernas. Transformado en un monstruo sediento de venganza, Blizzard no desaprovecha la ocasión para acercarse a la hija de Ferris, cuando lee en un anuncio del periódico que la joven busca un modelo para una escultura. Barbara Ferris (Claire Adams) ama el arte, pero sus obras no la satisfacen, insatisfacción que genera la frustración y su decisión de abandonar el oficio, aunque antes de dejarlo todo y casarse con el ayudante de su padre (Kenneth Harlan) se concede una última oportunidad. Barbara desea modelar una obra que colme sus ambiciones artísticas, de modo que precisa encontrar el modelo ideal para dar forma al busto del Satán caído que tiene en mente. Para la artista, el rostro de Blizzard resulta perfecto, como también perfecto resulta Lon Chaney en su papel. El actor no necesitó más que un poco de maquillaje y su presencia para crear el horror que sirven a la escultora para su imagen del ángel caído, la cual no deja de ser el retrato físico y psíquico de ese Satán de los bajos fondos donde reina como amo y señor. A pesar de su aparente amabilidad, Blizzard continúa mostrando su lado perverso, el único que se ha visto hasta entonces, que se desvela terrorífico y que se confirma en toda su totalidad cuando intenta consumar su venganza sembrando el caos en la ciudad. La mente de Blizzard no funciona, posiblemente nunca lo haya hecho tras el accidente sufrido en su niñez, cuestión que descubre el cirujano cuando se ve obligado a intervenirle, bajo la amenaza de asesinar a su hija. La intención de Blizzard es la de recuperar las piernas mediante una operación que consiste en trasplantar las del doctor Allen (a quien retiene contra su voluntad); sin embargo, Ferris aprovecha para intervenirle el cerebro, liberando a Blizzard de la locura que le había dominado hasta ese momento. Este hecho produce dos reacciones inminentes: la del doctor, quien descubre que el accidente causó un daño en el cerebro del villano que le impedía controlar sus actos; y la de Blizzard, que se libera de la locura que le convirtió en verdugo y víctima al privarle de su capacidad para elegir racionalmente sus decisiones. Estos descubrimientos marcan un cambio de actitud en el criminal (enfermo), ofreciéndole la oportunidad de un nuevo comienzo al lado de Rose; aunque sólo sería un espejismo antes del final moralista asumido por el director Wallace Worsley.

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