miércoles, 29 de febrero de 2012

Un millón en la basura (1967)

¿Cómo se debe actuar si se encuentra un millón en la basura? ¿dejarlo allí? ¿recogerlo y entregarlo a las autoridades? o ¿pensar que se trata de un milagro, tomarlo y salir corriendo como hace Pepe Martínez (José Luis López Vázquez)? Cabría decir en favor de este funcionario de limpieza mal pagado, que en un par de días será desahuciado, sus deudas se acumulan y a duras penas puede dar de comer a su esposa y a sus dos hijos. Un millón en la basura disfraza de comedia la miseria en la que viven Pepe y Consuelo (Julia Gutiérrez Caba), para quienes no existen los milagros, porque éstos son exclusividad de los privilegiados; sin embargo, la fortuna parece contradecir lo dicho, pues ésta les ha sonreído al ofrecerles una oportunidad para salir de la situación que les ahoga y que les golpea sin compasión. No obstante, la conciencia de Consuelo no les permite quedarse con un dinero que no les pertenece, sobre todo sin saber cómo lo ha conseguido su marido; la actitud nerviosa, incluso temerosa, que muestra Pepe parece indicar que ha delinquido para conseguir ese millón que les permitiría todo cuanto se les ha negado hasta entonces. Pepe claudica a la petición de su esposa, y se presenta en el lugar donde se produjo su milagro, pero no encuentra el cubo de la basura, y en el edificio nadie ha preguntado ni por el maletín ni por su contenido. La reacción de Pepe de quedarse con el dinero, que nadie parece reclamar, no se puede tachar de ilógica, como tampoco resulta extraño que se rinda un homenaje como nunca antes lo había hecho; así pues, entra en el restaurante, y allí se zampa cuanto hay en la carta, pero a la hora de pagar se lo piensa dos veces, porque algo le dice que no puede gastar un dinero que no es suyo. La vida de Pepe y de Consuelo cambia a raíz del milagro, no por las posibilidades materiales que promete el millón, sino porque la paz que reina en sus conciencias desaparece tras un milagro que más bien semeja una tortura. Las posturas de la pareja se enfrentan, lo mismo ocurre con los padres de consuelo cuando se enteran de que el gordo de Navidad ha caído en casa de su hija; la madre (Aurora Redondo) se posiciona a favor de Pepe y de la idea de quedarse con el dinero; mientras el padre (Rafael López Somoza) se siente orgulloso de la honradez de su hija. Para los pobres no hay milagros que valgan, eso ya se lo había dicho Faustino (Juanjo Menendez), quizá porque, además de pobres, poseen una conciencia que no les permite apoderarse de lo ajeno. Pero, ¿quién ha podido extraviar una cantidad como esa? Al principio Pepe no piensa en el desconocido que ha perdido el millón, sin embargo existe, y puede que se encuentre en una situación desesperada, aunque también podría no notarlo o ser un ladrón que merecería probar su propia medicina; fuera como fuere, la conciencia es una realidad para Pepe y, sobre todo, para Consuelo, porque ambos son personas honradas que no pueden dejar de serlo, por mucha promesa de bienestar que les ofrezca un millón que les aleja de la tranquilidad (moral) y de la confianza (dentro de la pareja) que reinan en sus míseras vidas. José María Forqué no escondió los aspectos reales que rodean a los Martínez, por ese motivo Un millón en la basura plantea una compleja disyuntiva moral que enfrenta la  hipotética mejora, que quebraría sus valores, con la miseria en la que viven, pero que les permitiría sentirse dignos y tranquilos.

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