viernes, 3 de febrero de 2012

Los tres mosqueteros (1948)

La primera hora de Los tres mosqueteros (The three musketeers) de George Sidney fluye alegre, desenfadada y musical, para mostrar el inicio de la amistad, de las aventuras y de los amoríos de D'Artagnan (Gene Kelly) durante sus primeros días en un París de decorado. El joven gascón abandona su pueblo natal con la ilusión de convertirse en un valiente mosquetero al servicio del rey Luis XIII de Francia (Frank Morgan); sin embargo, su primer día en la capital le depara tres duelos inesperados, que le enfrentan a los tres miembros más valientes, y más diestros con la espada, del cuerpo de los mosqueteros. No obstante, de ese triple enfrentamiento sólo se produce el primero de ellos, ante Athos (Van Heflin), que no llega a finalizar, porque los hombres del cardenal Richelieu (Vincent Price) irrumpen para, sin desearlo, ofrecer al joven D'Artagnan la oportunidad para demostrar su destreza con el acero y, de paso, ganarse la amistad de los famosos mosqueteros. La victoria ante los esbirros del hombre más poderoso de la nación le brindan fama y dinero, con el que adquiere un nuevo ropaje y una montura diga de un caballero, además de proporcionarle la posibilidad de contratar servicios de Planchet (Keenan Wynn), que se convierte en su fiel criado, y un hogar donde poder descansar su magullada fisionomía. Allí, en su nueva residencia accidentalmente conoce a la mujer que se convertirá en el amor de su vida: Constance (June Allyson), doncella al servicio de la reina Ana de Austria (Angela Lansbury), esposa del monarca francés. La dulce Constance, en un momento de necesidad, acude a su héroe, pues éste podría resolver la delicada situación por la que atraviesa su señora. D'Artagnan se une a Athos, Porthos (Gig Young) y Aramis (Robert Coote) para exclamar: ¡uno para todos, todos para uno!, tras el cual emprenden un viaje peligroso que debe conducirles hasta Inglaterra, donde pretenden recuperar los diamantes que la reina, en señal de afecto, había entregado al duque de Buckingham (John Sutton). La historia es bien conocida por todos, pues, además de la novela, existen numerosas versiones cinematográficas de la aventura escrita por Alejandro Dumas (padre); pero en la versión de George Sidney se disfruta de modo especial este primer viaje de los tres mosqueteros, dada la constante presencia de una aventura descarada, sin complejos, repleta de duelos a espada, cercanos a una coreografía musical, en los que Gene Kelly hizo valer sus dotes de gran bailarín. Así pues, una vez que el complot de Richelieu se ve frustrado por la intervención de un pueblerino y por los amigos de éste, la película cambia de tercio y se convierte en un film más lento y oscuro, resaltando la presencia de la bella y malvada condesa de Winter (Lana Turner), también conocida como milady, una mujer fatal que atrapa la atención del héroe gascón, al tiempo que se desvela como una enemiga terrible, fría y letal. Con la pérdida de la alegría y del descaro, dominantes en la primera hora de metraje, se crea cierta intriga entorno a la figura de milady de Winter y al secuestro de Constance, a la que se une la sempiterna manía de Richelieu por declarar la guerra a Inglaterra, cuestión ésta que pone en manos de su malvada agente femenina. D'Artagnan tropieza con la espía de piel de seda, aunque sin escrúpulos, y pretende utilizarla para rescatar a su amada de las garras de Richelieu; sin embargo, se deja seducir por sus encantos a pesar de las advertencias de Athos en torno a la figura de esa enigmática dama, que a todas luces significa la fatalidad para cualquier hombre que fije sus ojos en ella. Sin lugar a dudas, George Sidney se encontró más cómodo en la primera parte, donde pudo desarrollar su experiencia dentro del musical, aprovechando las condiciones atléticas de un D'Artagnan alegre, vital y pendenciero, consiguiendo un ritmo que la eleva por encima de las demás versiones de este clásico de aventuras de capa y espada, una película que se disfruta sin complejos, a pesar de la pérdida de fuelle en las escenas más íntimas y serias de su parte final.

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