lunes, 20 de febrero de 2012

El delator (1935)

Las raíces irlandesas de John Ford se descubren en muchas de sus películas, y en El delator (The informer) aquéllas se convirtieron en parte fundamental al desarrollarse la acción en las calles del Dublín de 1922, donde se descubre el constante enfrentamiento entre los miembros del ejército británico y el ejército republicano irlandés. El telón de fondo de la historia muestra la rebelión irlandesa con la que se pretende expulsar a los ingleses de la isla, de ese modo se observa un ambiente tenso, violento y peligroso, que provoca continuos altercados, atentados o persecuciones como la sufrida por Frankie McPhillip (Wallace Ford). McPhillip es miembro activo de la organización que pretende liberar a Irlanda del dominio inglés, circunstancia que ha puesto precio a su cabeza, pero que no le impide salir de su escondrijo para ver a su madre (Una O'Connor) y a su hermana Mary (Heather Angel); pero comete el error de fiarse de su viejo amigo Gypo Nolan (Victor McLaglen). Frankie ignora que Gypo atraviesa una mala racha desde que fue expulsado del ejército independentista; cuestión que le impide sospechar que Nolan ha dejado de ser aquel viejo amigo en quien se podía confiar. Gypo necesita salir de la difícil situación en la que se encuentra, y le parece que las veinte libras de recompensa que ofrecen los ingleses por informar sobre el paradero del fugitivo son la oportunidad para iniciar una nueva vida al lado de Katie Madden (Margot Grahame), la mujer que le ha mantenido durante los últimos meses; y sin plantearse otras cuestiones éticas o morales, cuando abandona el bar donde se habían reunido, denuncia a su antiguo compañero de armas. Las tropas de asalto invaden el hogar McPhillip, dando muerte a Frankie cuando intenta abrirse paso a tiros. Tras verificarse la identidad y la muerte del fugitivo, Gypo abandona la comisaría con las veinte libras prometidas, pero también se lleva consigo la vergüenza, el rechazo y el remordimiento, tres sensaciones que se desvelan inmediatamente en la oscuridad que domina las calles, al descubrir a un individuo que parece observarle, sin embargo, parece calmarse cuando comprende que se trata de un invidente. No obstante, su mente no encuentra paz, y se desespera ante la posibilidad de que le descubran, ¿le remuerde esa posibilidad o haber sido el responsable de la muerte de un amigo? Este hombre de escasas luces se presenta en el velatorio de su víctima para evitar levantar sospechas, aunque no puede ocultar su nerviosismo. Nadie le ha pedido explicaciones, porque nadie sospecha que un amigo pueda delatar a otro, aún así grita que le había advertido, descubriéndose en su rostro la culpabilidad que trata de ocultar. La turbación que le domina le convence para que se refugie en el alcohol, posiblemente para olvidar, pero también para sentirse aceptado, por eso gasta buena parte de la recompensa invitando a unos presentes que únicamente le toleran por la diversión gratuita que les proporciona. El delator (The informer) transcurre durante una noche de niebla intensa, y resulta más oscura de lo habitual en John Ford, fiel reflejo de las sensaciones que se ciernen sobre un delator dominado por el arrepentimiento, la vergüenza y el miedo que le impulsa a mentir acusando a un inocente. Pero no sólo se exponen los sentimientos del confidente, sino también los del comandante Gallagher (Preston Foster), quien, tras descubrir la identidad del informador, desoye la petición de clemencia de Mary y de Katie Madden. Gallagher prioriza la muerte del delator a su amor por Mary cuando ésta le pide que renuncie a la violencia; petición que Dan Gallagher no puede aceptar porque Gypo Nolan se ha convertido en un riesgo para la organización. El delator (The informer) supuso un gran éxito personal para John Ford, además de conseguir premios importantes y excelentes críticas; para muchos se trataba de su primera gran película, aunque eso no sería del todo correcto, lo correcto sería decir que en ella se encuentra gran parte de las constantes de su cine posterior, aunque sin el humor característico que aparece en la mayoría de sus films, también sería acertado decir que la puesta en escena resultó magnífica al crear ese entorno opresivo siempre presente dentro y fuera de un delator consumido por la culpabilidad de la que nunca podría huir.

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