viernes, 27 de enero de 2012

Cautivos del mal (1952)

Solo uno de los tres acepta su llamada telefónica desde París, pero lo hace para mandarle al cuerno. ¿A quién rechazan?¿A qué se debe un rechazo tan contundente? El productor ejecutivo Harry Pebbel (Walter Pidgeon) les reúne en su oficina para explicarles que Jonathan Shields (Kirk Douglas) pretende producir una nueva película y, para alcanzar el éxito y la financiación necesaria, precisa de la colaboración de los tres, cuestión a la que se niegan, pues Fred Amiel (Barry Sullivan), Georgia Lorrison (Lana Turner) y James Lee Bartlow (Dick Powell) no desean saber nada del individuo que ha marcado sus vidas, ¿para bien? ¿para mal? Por lo que presupone antes de observar cada uno de los flash-back que componen Cautivos del mal (The bad and the beautiful) se diría que Jonathan Shields no se ha portado bien con ellos, y así es, pero, gracias a él, en el presente, todos, salvo él, han triunfado. El primer recuerdo parte de la mente de Fred Amiel, su primer amigo, el mismo que se encontraba a su lado en los primeros momentos, cuando Shields se hallaba en la ruina y se las ingenió para conseguir un puesto de productor en el equipo de Harry Pebbel. Fred Amiel y Jonathan Shields comenzaron a trabajar en películas de bajo presupuesto, hasta que una de ellas alcanzó cierto éxito, tras esa sensación de poder hacer algo más que películas de terror de serie B o Z, Fred propuso a Jonathan un guión en el que llevaba tiempo trabajando, la adpatación de un libro que nadie creía que pudiese rodarse, sin embargo, Fred estaba convencido de que él podría dirigirlo. Shields colaboró en el proyecto, y entre ambos reescribieron un guión que presentaron ante su jefe. Hasta ese momento habían compartido un sueño que finalizó cuando Jonathan aceptó entregar la dirección a un prestigioso director, porque creía que su amigo no estaba preparado (o quizá su gran ambición le empujó a tomar dicha decisión), un duro golpe que rompería la amistad e impulsaría a Fred Amiel a superarse y conseguir ser el director de mayor éxito de Hollywood. La historia regresa al presente, al despacho donde Harry Pebbel se autoimpone la misión de recordarles que sin Jonathan Shields nunca hubiesen logrado ser lo que son; realidad que se comprueba a la perfección en el recuerdo de Georgia Lorrison. La vida de Georgia giraba en torno a la figura de su padre, un famoso actor fallecido tiempo atrás, pero cuyo fantasma semejaba perseguirla obligándole a refugiarse en el alcohol. Su encuentro con Jonathan Shields marcaría un nuevo comienzo y le proporcionaría la oportunidad de creer en sí misma, de deshacerse del pasado y de enamorarse perdidamente del hombre que la creó como actriz y la colmó como mujer hasta el día del estreno de la película que la encumbraría. Jonathan Shields no es un hombre malvado, ni siquiera sería un tipo negativo, más bien parece ser un hombre poseído por la idea de hacer grandes películas, pero tampoco cabe la menor duda de que se trata de un tipo egoísta, quizá no más que cualquiera de ellos; pero Jonathan no esconde sus intenciones, siendo capaz de cualquier acción para llevar a cabo su empresa, aunque para ello se dañe a sí mismo, porque en cada ocasión pierde una parte importante de su humanidad (la amistad de Fred o el amor de Georgia, a quien seguramente amó y todavía ama, aunque sólo sea por ser su creador). El tercer flash-back se inicia en la mente de James Lee Bartlow, el joven escritor que se dejó convencer por la ambición de su esposa (Gloria Grahame) y por Jonathan Shields (quien parece poseer el don de atraer a las personas) para trasladarse a Hollywood, donde colaboraría en la adaptación de su primera novela. James Lee es el único de los tres que rechazó a Jonathan en su primer encuentro, sin embargo, no tardaría en sentir aprecio por él, hasta que un descubrimiento relacionado con el fallecimiento de su esposa les alejaría definitivamente; pero también le convierte en el gran escritor que es en el presente. Estos tres representantes del mundo del cine, acompañados por el cuarto miembro de la reunión(también confiesa que debe a Shields la suerte de haber participado en la producción de algunas de las grandes películas de Hollywood), sirven para ofrecer la imagen de un productor que pretende alcanzar las cotas más altas dentro del cine, y para ello no duda en utilizar su personalidad y su talento para controlar a las personas y aquellas cuestiones relacionadas con su equipo, ya sea escribir, dirigir, manejar o crear a una actriz de la nada. El productor John Houseman ofreció este material al director Vincente Minnelli, quien realizaría una de las mejores producciones relacionadas con los entresijos del séptimo arte, siendo posiblemente su mejor película (en su filmografía las hay muy buenas) y una oscura disección del mundo del cine, que descubre las realidades y las miserias que persiguen a un productor cuya ambición es más grande que su propio sueño, por eso sucumbe, pero a pesar de su fracaso no se dará por vencido, porque para él no existe nada más que realizar una buena película para llenar el vacío que significa su vida.

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