miércoles, 14 de diciembre de 2011

Vidas secas (1963)

Cuando se descubre a esa familia que viaja a pie por un páramo desolado, ya se tiene conocimiento de que se trata de un núcleo familiar de desheredados, de personas condenas a vagar por cualquier lugar en busca de un futuro mejor que nunca llega, pues las diferencias sociales son un obstáculo insalvable para ellos. Fabiano (Átila Iório), Victoria (María Ribeiro), sus dos hijos y el perro Baleia apenas pueden alimentarse, por eso Victoria rompe el cuello de un loro que no habla, pero al menos les proporcionará algo que llevarse a la boca. El viaje continúa, como si se tratase de un documental, dominado por el silencio y por los llantos de uno de los niños, que desfallecido se niega a continuar, no por capricho si no porque las fuerzas le han abandonado. Este primer instante de Vidas secas muestra la desolación por la que transita esa familia, la misma que podría generalizarse a una buena parte de Brasil hacia mitad del siglo XX. El siguiente paso que dio Nelson Pereira dos Santos en su película fue acercar a estos nómadas a una pequeña población, donde encuentran un techo bajo el que cobijarse con la esperanza de encontrar un empleo y comenzar una vida mejor. La primera reacción del patrono (Joffre Soares) cuando los descubre en la chabola deshabitada es la de ordenarles que se marchen, al él le da igual sus condiciones de vida, lo único que le interesa es que salgan de sus posesiones. Sin embargo, el ofrecimiento de Fabiano para trabajar como vaquero convence al ganadero y permite que la familia se quede. Lo que podría haber sido un rayo de esperanza se convierte en un abuso, pues el patrón no entrega el salario convenido, consciente de que Fabiano tendrá que aceptarlo si desea continuar trabajando para él. ¿Qué podría hacer este padre de familia más que soportar el abuso del hacendado? ¿Conseguiría que alguien le ayudase y se uniese en su protesta? Acaso, ¿el patrón no es consciente de que a un hombre analfabeto, asustado y necesitado es más fácil de controlar? Vidas secas muestra esa carencia de educación y de esperanza que priva de la consciencia de la libertad, de los derechos y de la justicia social; el analfabetismo y el hambre son armas que permiten abusar de unos trabajadores que no alcanzan a comprender que en ellos reside la totalidad del trabajo y que sin ellos éste no sería posible. No obstante, los vaqueros, campesinos y mujeres que viven en el pueblo temen a la autoridad, y acatan sus decisiones, como se observa cuando un agente del orden (Orlando Macedo) descarga su frustración con Fabiano. Mientras Fabiano sufre los golpes de los soldados, su mujer y sus dos hijos aguardan por él, sin que nada sepan de lo que ocurre, pero conscientes de que nada pueden hacer salvo esperar. Los protagonistas de Vidas secas tienen miedo, aceptan lo que les ofrecen, por muy poco que ésto sea, porque necesitan comer y necesitan un techo bajo el cual cobijarse y calentar a sus hijos, unos niños condenados a la misma realidad en la que viven sus progenitores.

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