viernes, 30 de diciembre de 2011

Charada (1963)

Regina Lampert (Audrey Hepburn) está harta de las mentiras de un matrimonio al que quiere poner fin, y para ello nada mejor que pedir el divorcio, o en su defecto que arrojen a su marido de un tren en marcha, iniciándose de este modo una intriga que le conducirá a nuevas y peligrosas mentiras. A su regreso a París descubre el violento asesinato de Charles, a manos de un asesino del que nadie sabe nada. ¿Por qué ha sido asesinado? Regina no lo sabe, por saber parece que desconoce todo cuanto se refiere a Charles Lampert, su difunto esposo. El desconcierto de la viuda aumenta durante el funeral de su marido, un último adiós poco concurrido, pues únicamente le acompañan en el sentimiento su amiga Sylvie (Dominique Minot) y el inspector de policía que sigue el caso (Jacques Marin), sin embargo, observará extrañada la entrada de tres extraños que pretenden comprobar si Charles está verdaderamente muerto. Charada (Charade) gira en torno a ese asesinato, pues ha sido cometido porque existe un motivo claro: 250.000 $ que Tex (James Coburn), Scobie (George Kennedy) y Leopold (Ned Glass), reclaman para sí; así pues Regina se encuentra perdida, vulnerable y sola, quizá por esa soledad llama a Peter Joshua (Cary Grant), el hombre que conoció en la estación de esquí. Este individuo de mediana edad intenta ayudarla, incluso le busca un hotel para que descanse, un hotel en el que se crean tantos líos como en el de los hermanos Marx, pero de otra índole, un poco más sangrientos y misteriosos. Será en ese edificio donde se reúnan todos los implicados en el caso, salvo Bartholemew (Walter Matthau), el agente del gobierno que pretende desenmascarar a los culpables y recuperar el dinero robado al gobierno. El agente necesita la ayuda de Regina y por eso mantiene un contacto constante con ella. A raíz de su encuentro en la embajada y de las llamadas telefónicas a Bartholemew, descubre que Peter Joshua la engaña y que también busca el dinero. Sin embargo, desea creer la justificación que le ofrece el antiguo Sr.Joshua, quien en realidad dice llamarse Alexander Dyle, el hermano del difunto Carson Dyle, el quinto miembro del comando que robó el oro durante la Segunda Guerra Mundial. Charada (Charade) resulta una intriga entretenida, en la que la mentira juega un papel importante, como también lo hacen el romance y las siempre presentes notas de humor; de este modo la historia cobra una atmósfera menos densa de la que podría encontrarse en un thriller al uso. Esa presunta ligereza sería provocada para dar rienda suelta a un romance divertido que se encuentra entorpecido por la intriga y el suspense, pero que sin ambas no podría ser posible. Además, destaca la química entre dos míticas estrellas de Hollywood: Audrey Hepburn y Cary Grant, quienes, a pesar de la evidente diferencia de edad, logran que su relación de amor-sospecha-miedo-amor sea creíble, y por momentos angustiosa, como se muestra cuando Regina escapa por la estación del metro temerosa de lo que pueda ocurrirle. Stanley Donen acertó de pleno al plantear una de sus mejores películas, posiblemente la mejor fuera del género musical, creando un misterio “ligero” en el que todos sus personajes pueden ser culpables de la muerte de Charles, con la excepción de aquellos que no tardarán en reunirse con él y de la angelical Regina, quien en todo momento se muestra perpleja, engañada y enamorada, pero pocas veces asustada, pues la compañía de Peter, Alexander, Adam, el ladrón, o como quiera que se llame, parece proporcionarle el valor necesario para continuar buscando un dinero que todos, salvo ella, piensan que se encuentra en su poder. El éxito de Charada (Charade) daría pie a un subgénero de intriga en las que, accidentalmente, un hombre y una mujer deben unir sus fuerzas para salir del peligroso lío en el que se conocen, se enamoran y que, si no andan con cuidado, podría acabar con sus vidas; un argumento que el propio Stanley Donen volvería a utilizar en Arabesco, film de características similares, que contaría con otras dos grandes estrellas, pero menos logrado que éste.

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