miércoles, 23 de noviembre de 2011

Madre (1952)

Suele ocurrir que en ocasiones los sacrificios de otras personas pasan desapercibidos, así como sus problemas o sus sentimientos, Madre (Okaasan) de Mikio Naruse expone desde la visión de Toshiko (Kyoko Kogawa), la hija mayor, el sacrificio de una madre que día a día lucha por los suyos, una familia que se va mermando como consecuencia de las desgracias que comenzaron tiempo atrás, con la expropiación del negocio familiar durante la guerra y que derivaron en la falta de dinero y en la necesidad de aceptar trabajos como el que acabó con la salud de Susmu (Akihiro Katayama), el hijo mayor, y que a la postre provocaría su muerte, a la que poco después seguiría la enfermedad terminal de un padre (Masao Mishina) que se niega a ser internado porque significaría un gasto que su familia no se puede permitir. Desde Toshiko se descubre lo que ocurre a su alrededor: la enfermedad de su padre, el reconocimiento del primer amor en el joven Shinjiro (Eiji Okada), el esfuerzo y la resignación de su madre, Masako (Kinuyo Tanaka), la frustración de su hermana pequeña Hisako (Keiko Enami) y su posterior sacrificio, la inocencia de su primo Tetsuo (Takashi Ito), quien ha sido acogido en su hogar porque la tía Noriko (Chieko Nakakita), la hermana de Masako, no puede ni mantenerlo ni cuidarlo o la ayuda que reciben del amigo paterno al que llaman tío prisionero. Toshiko contempla la cotidianidad, el paso del tiempo con el que descubre sus miedos o sus deseos, como sería continuar con sus estudios, pero también es consciente de que algunos deben ser sacrificados tras la inevitable muerte de su padre, que refuerza la idea de pérdida y le obliga a trabajar para evitar, de ese modo, que su hermana Hisako sea entregada en adopción a unos familiares que no pueden tener hijos. La familia se descompone con el paso del tiempo, que ni se detiene ni piensa hacerlo, realidad que Masako reconoce y que le advierte de que en algún momento se quedará sola; sin embargo, nunca se lamenta, ni lo hace ver, permanece al pié del cañón como muchas otras madres que se sacrifican mostrando esa imagen que protege a los suyos, renegando de una posible felicidad o de sus propias necesidades. La vida de Toshiko y familia transcurre pausada en el interior de una casa en la que han vuelto a abrir el negocio familiar, una tintorería que no da para gastos y en la que ayuda el señor Kimura (Daisuke Kato), a quien cariñosamente llaman tío prisionero por haber caído en manos de los soviéticos durante la guerra; este hombre creará un conflicto en la mente de Toshiko cuando ésta escucha que todo el barrio habla de que su madre se casará con él. ¿Por qué no ha de hacerlo? acaso, ¿no lo hacen los viudos? ¿por qué no hacerlo las viudas también? le dice Shinjiro en una conversación que no gusta a Toshiko, quien teme perder a su madre, sin darse cuenta de que es su madre quien les pierde a todos; primero la muerte de un hijo, a la que siguió la de su marido, posteriormente la inevitable marcha de Hisako y en breve la del pequeño Tetsuo, quien regresará con Noriko tras haber conseguido un empleo y superado los problemas que le perseguían desde su estancia en Manchuria, todos estas desapariciones le anuncian que al final se quedará sola, porque sólo será cuestión de tiempo que Toshiko se case; sin embargo, la madre no se lamenta, hace tiempo que ha dejado de pensar en sí misma, quizá dejó de hacerlo en el momento que dio a luz al primero de sus hijos, creando en su corazón un sentimiento que nunca podrá romperse; un cariño ajeno al egoísmo que le impulsa a continuar esforzándose, porque únicamente piensa en ellos. Toshiko no puede tardar en reconocer la verdadera esencia de su madre, y lo hace a medida que la observa o cuando ésta le dice que nunca haría nada que pudiera dañarles tras abordar el tema de la inexistente relación con tío prisionero (un buen hombre que posiblemente hubiese aceptado a Masako de muy buen grado). Como otros grandes directores japones clásicos, Mikio Naruse supo captar la sensibilidad y las emociones sin forzarlas, fluyendo entre sus personajes con sus miradas, sus movimientos o en sus silenciosos pesares, sin embargo Madre (Okaasan) no es una película triste, aunque así lo parezca a primera vista, sino que sería una reflexión sobre la vida, sobre todo la vida de esas mujeres que se sacrifican por sus familias, desde el trabajo, el amor y la atención hacia sus miembros, por encima de sus propias necesidades, circunstancia que suele pasarse por alto y que Toshiko podrá descubrir y así comprender la grandeza de la mujer a la que tanto quiere, al tiempo que podrá reflexionar y preguntarse si Masako es feliz, comprendiendo la entrega y la importancia de alguien que desearía tener siempre ahí.

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