martes, 8 de noviembre de 2011

El espíritu de la colmena (1973)

La pequeña Ana (Ana Torrent) observa el mundo desde su imaginación y desde los descubrimientos que se le presentan cuando, ensimismada, mira la película que se proyecta en un pueblo de Castilla. En Doctor Frankenstein descubre por primera vez la presencia de la muerte, una certeza que le provoca dudas que le impulsan a buscar respuestas en las preguntas que formula a su hermana Isabel (Isabel Tellería). ¿Por qué la criatura ha matado a la niña? y ¿por qué los habitantes del pueblo linchan al ser creado por el doctor Frankenstein?. Isabel no duda en decirle que no han muerto, que continúan con vida, porque se trata de una fantasía cinematográfica, así es el cine y por lo tanto ni el monstruo ni la pequeña han sufrido daño alguno; sin embargo, esta explicación parece no convencer a Ana, quien continúa desarrollando sus propias ideas al respecto, y se deja arrastrar por su inocente imaginación para dar explicación a esa novedad que ha descubierto gracias al cine, circunstancia que ha provocado el deseo de encontrarse con la criatura, puede que para comprender y compartir su fantasiosa realidad. El espíritu de la colmena transmite la esencia del universo infantil a la perfección, recreándolo a partir de los silencios, las miradas de las niñas y la serena fotografía que presenta la soledad que rodea a todos los miembros de la familia, sus inquietudes y sus anhelos perdidos, como le ocurre a Teresa (Teresa Gimpera), su madre, quien desde el frío y la oscuridad nocturna escribe cartas a un amor perdido del que nada sabe. Victor Erice rodó una película evidentemente intimista, lírica y sincera en la se retrata a la familia de Ana desde la realidad que envolvía a la España de 1940, donde la idea de perdida, de vacío y de soledad se encontraba allí donde se mirase, lo mismo que sucede en ese pueblo casi fantasma al que llega, como si de un sueño se tratase, un fugitivo de la justicia que se apea de un tren en marcha que nunca se habría detenido en ese páramo desolado. Ana lo descubre, imaginándose que se trata de su monstruo, necesitado, desamparado y herido. Por eso Ana no duda en tenderle la mano, como la pequeña del film de James Whale se la había tendido a la criatura que desconocía las consecuencias de arrojarla al río, quien al igual que Ana no comprendía el significado de aquello que le rodeaba. Sin embargo, una broma infantil y macabra realizada por Isabel golpea con fuerza la realidad de su hermana, que posteriormente asociará con la desaparición de su monstruo particular, pero que también le confirma que la muerte podría ser una fantasía como la que había observado en la película, por eso no duda en salir en su busca sin pensar en las consecuencias. El espíritu de la colmena resulta un cuento hermoso y sincero donde sus personajes no parecen actuar porque, a parte de contar con dos actores adultos de la talla de Fernando Fernán Gómez y Teresa Gimpera, padre y madre en la ficción de las dos niñas, cuenta con dos pequeñas actrices que con sus susurros, su inocencia, sus miradas y sus silencios transmiten la veracidad de unos pensamientos que no pueden esconder y que su imaginación empuja hacia el exterior que les rodea.

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