domingo, 2 de octubre de 2011

Tiburoneros (1963)


Tiburoneros se centra en la historia de Aurelio (Julio Aldama), un hombre que lleva varios años alejado de su familia y que se dedica a la pesca del tiburón. Este hombre se siente a sus anchas en un mundo que conoce y donde se le respeta; un mundo que se rige por unas normas no escritas, pero de las que todos son conscientes; de este modo, sus comportamientos son acordes con las reglas de la pequeña comunidad a la que pertenecen y en la que se sienten integrados. Aurelio busca cubrir parte de las necesidades que ha dejado tras de sí, por ello mantiene una relación con Manela (Dacia González), una joven que se siente fuertemente atraída hacia él y que le proporciona momentos de evasión y de felicidad. Manela desea que el tiburonero se implique, que comparta con ella una relación marital, porque necesita saber que su unión es importante y que Aurelio le pertenece. No obstante, Aurelio no pretende comprometerse, únicamente encuentra en la joven a esa mujer que puede proporcionarle placer, pero sin compromiso, porque para eso ya tiene a su familia. Como él mismo dice: me llega con una mujer. Para el pescador, la familia representa el objetivo visible, una excusa, para su estancia en el lugar; a ellos envía gran parte de sus ganancias, por eso se encuentra en la isla, para que sus hijos y su mujer puedan tener todo cuanto precisen. Además de su relación con Manela, Aurelio mantiene otra diferente, una paterno-filial, con un niño que le admira, le quiere y  necesita de su saber y de su valía, porque en su día a día ha creado entorno a la figura del tiburonero la imagen de un padre que no tiene. Sólo cuando Aurelio regresa a México D.F. se percata del verdadero valor de todo cuanto poseía en un lugar alejado de la sociedad moderna y aburguesada que encuentra en la capital. La ciudad no es su sitio, no se encuentra a gusto con nada ni con nadie, en su mente idealiza la vida que había llevado en un lugar donde se le valoraba y donde podía gozar de una libertad que en su entorno familiar no encuentra. La familia y la sociedad en general representan para él una prisión, dos instituciones que no le permiten desarrollar sus capacidades, que le mantienen sin saber qué hacer, algo que jamás le había ocurrido dentro de la pequeña sociedad de pescadores. Este descubrimiento le replantea su existencia, le produce malestar y recuerda a las personas con las que compartía cada jornada. Luis Alcoriza presentó desde una visión realista a unos seres que luchan en su día a día por conseguir las ansiadas piezas que les proporcionan, además de dinero, el respeto de los demás, al tiempo que desarrollan unos fuertes lazos afectivos como consecuencia de esa continúa vivencia en común. Una sociedad en la que cada uno encuentra su posición, según su valía y su trabajo, un lugar en donde los más y los menos se arreglan sin otra intervención que la de los implicados, esa es la ley, la ley de los tiburoneros.

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