martes, 11 de octubre de 2011

Laura (1944)

Para McPherson (Dana Andrews) todos los conocidos de Laura son sospechosos de su muerte, por eso los investiga, los estudia e incluso permite que le acompañen, como es el caso de Waldo Lydecker (Clifton Webb), famoso periodista que siente curiosidad profesional por el teniente McPherson. De este modo, lo acompaña a casa de la tía de Laura (Judith Anderson), donde también se encuentra Shelby Carpenter (Vincent Price), el prometido de la víctima que ha sido asesinada de un disparo en la cara, en quien Waldo ve un advenedizo que únicamente pretende mejorar su posición. McPherson no tiene ninguna pista tangible, pero sí posee su instinto, el mismo que le aconseja escuchar la historia de Waldo, que se inicia cuando éste conoce a Laura (Gene Tierney), una mujer diferente en todos los aspectos a cuantas había conocido. Durante varios minutos, Laura regresa al pasado mediante el uso de varios flash-back que parten de los recuerdos del periodista; desde los que expone su primer contacto, el afianzamiento de una relación que él esperaba llegase a más, y la aparición de Shelby Carpenter, el hombre que la apartó de él, y que le obligó a rebuscar aspectos turbios de su pasado y de su presente, para que Laura se replantease una unión que él no deseaba. Después de eso, la última vez que supo de ella fue la noche del viernes pasado, cuando le telefoneó para decirle que se iría al campo a pensar si se casaría o no. Sin embargo, según parece Laura Hunt no llegó a ir a su casa de campo, permaneciendo en un apartamento en el que encontraría una horrible muerte. Además de esta brutal realidad, McPherson también tiene claro que todos los sospechosos tendría motivos para matarla, pero, ¿quién fue el autor de un crimen sin pistas? El policía se obsesiona con su trabajo, o dicho de una manera más concreta se obsesiona con Laura, cuyo retrato le observa mientras lee el diario y las cartas de la fallecida; parece que la empieza a conocer y a enamorarse de ella, aunque quizá sea demasiado tarde. Laura es uno de los grandes clásicos del cine negro, que juega con las relaciones que mantenían los sospechosos principales con la difunta, y cuáles serían los motivos que les empujarían a deshacerse de ella; del mismo modo expone las obsesiones que parecen regir el comportamiento de unos personajes turbios, ambiguos, capaces de todo y de nada, para conseguir sus deseos. Una obsesión que también alcanza a McPherson, por ello su primera reacción cuando se encuentra con un fantasma que ansía ver muestra una mezcla de felicidad y alivio; porque a pesar de intentar resolver un crimen, él también es víctima del encanto de Laura. La película de Otto Preminger cambia a partir de esa figura emergida del pasado, una figura sobre la que recaerán las sospechas de un asesinato que podría resultar muy distinto a como se lo habían imaginado en un principio. Laura transcurre en su mayor parte en ese apartamento donde se ha encontrado el cadáver de la joven y en el flash-back desde donde Waldo la presenta, descubriendo de ese modo a una chica tan especial como Laura, que ha podido cautivar, sin su presencia, al policía que investiga su asesinato, una circunstancia que enturbia la atmósfera que rodea a McPherson, más aún cuando el periodista confirma de viva voz ese sentimiento que ya se sospecha y que parece atormentar al encargado de resolver el caso. Laura es un policíaco, pero también un film que mantiene a sus personajes alejados de sus anhelos, unos personajes que no alcanzan aquello que desean y que les convierte en los perfectos sospechosos de un asesinato que no parece tener más móvil que la frustración que anida en ellos.

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