jueves, 6 de octubre de 2011

El salario del miedo (1953)

¿Cómo han llegado Mario (Yves Montand) y otros como él a un lugar como La Piedra? Esta pregunta carece de importancia, lo que sí importa es la cruda realidad que les mantiene atrapados en ese aislado pueblo imaginario, en algún lugar de Sudamérica, del que escapar resulta del todo imposible. Todos y cada uno de ellos anhela en silencio abandonar esa cárcel de tierra y aire, sin embargo, salir de allí cuesta dinero, algo de lo que todos carecen. No hay trabajo, no hay nada que hacer, salvo esperar en la puerta del bar del pueblo, viendo como los días les consumen y les alejan más y más de sus hogares. La llegada a La Piedra de Jo (Charles Vanel) provoca un cambio en la monotonía de Mario, quien abandona la compañía de sus antiguos camaradas para pasar el rato con ese recién llegado al que admira por su valor y su decisión. Jo es un hombre maduro, curtido en mil batallas; por lo poco que se sabe de su pasado se adivina que ha tomado parte en muchos asuntos sucios en los que no ha dudado a la hora de emplear la violencia, no obstante ha tenido que huir, al igual que los demás, dejando tras de sí su fortuna y sus esperanzas. Como cualquiera de los europeos de La Piedra, su sueño es salir de allí. Sin embargo, resulta imposible, incluso cuando descubre que un viejo socio suyo, O'Brien (William Tubbs) es el gerente de la compañía petrolera cercana, su única esperanza. Pero O'Brien reniega de él, ahora las cosas han cambiado, él es quien manda allí y quiere seguir haciéndolo. Hasta aquí Henri George Clouzot ha presentado a sus personajes, su situación y un deseo común. Pero será a partir del incendio que se produce en el campo petrolífero cuando la acción que da título a este excelente e inquietante largometraje cobra sentido. El salario del miedo (Le salaire de la peur) son esos cuatro mil dólares que O'Brien ofrece al conductor y co-piloto del camión que transporte una tonelada de nitroglicerina hasta el campo petrolífero. La noticia se propaga por el pueblo, llegando a los oídos de Mario y de los demás, quienes se presentan de inmediato como voluntarios, sin embargo, sólo cuatro podrán conseguir el trabajo. La misión que deben realizar consiste en transportar una tonelada de explosivos por una carretera prácticamente inexistente, dentro de un camión sin suspensiones y sin cualquier otro tipo de seguridades. La acción desesperada que deben llevar a cabo es arriesgada, más aún, es letal, cuestión de la que son conscientes  los pilotos voluntarios, saben que a la menor brusquedad el camión que pilotan podría saltar por los aires; pero eso no es peor que continuar prisionero en un lugar en el que ya se encuentran enterrados. El salario del miedo (Le salaire de la peur) recorre esa carretera, acompañando a los dos camiones en los que viajan Mario y Jo, Luigi (Folco Lulli) y Bimba (Peter van Eyck), por donde los obstáculos aparecen desde el primer momento, tanto fuera, en el firme, como dentro de la cabina, donde los nervios y el temor domina a cada uno de ellos, pero sobre todo a Jo, quien en un momento determinado afirma, asustado: no nos pagan por el trabajo, nos pagan por pasar miedo; en este camión está dividido, tú trabajas y yo paso miedo, lo mío es peor. Sin duda, las palabras de Jo son ciertas, el miedo agudiza su caída y el reconocimiento de que su vida se ha marchitado, descubriéndose un ser sin valor y carente de amor propio, pero el dinero que les espera al final del trayecto podría darles la libertad que les ha impulsado ha aceptar pasar miedo.

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