martes, 13 de septiembre de 2011

Tierra y libertad (1995)

El 18 de julio de 1936 se produjo un levantamiento militar contra el gobierno elegido democráticamente por la mayoría de los españoles. Dicha sublevación contó con el apoyo de las partes más conservadoras de la población, quienes veían en la amenaza obrera un cambio social que no deseaban. Sin embargo, el gobierno legítimo tampoco supo contentar a nadie, pues la democracia no tuvo tiempo para crecer, desarrollarse y ser respetada en un país que se vio inmerso en una sangrienta Guerra Civil. Tierra y libertad (Land and freedom) regresa a ese pasado desde las cartas y recortes que la nieta de David encuentra tras el fallecimiento de su abuelo. Su contenido explica las experiencias vividas y la evolución-desilusión de los hechos acontecidos en un frente donde luchaban hombres y mujeres de diversas nacionalidades, que habían acudido a España para enfrentarse al fascismo, símbolo de la tiranía a la que se verían sometidos en caso de perder la contienda. Los intereses que se gestaban en España no sólo eran internos, existía una gran preocupación más allá de sus fronteras. Europa vivía una situación tensa, donde la lucha entre ismos amenazaba con una guerra de mayores proporciones. El fascismo dominaba en países como Italia o Alemania, mientras el stalinismo sometía a la Unión Soviética, así como, anarquismo, marxismo, capitalismo, y otras ideologías, campaban a sus anchas por un mundo apunto de estallar. El movimiento obrero se encontraba dividido en numerosas facciones, separadas por intereses que divergían entre sí; del mismo modo, el gobierno español se encontraba desorganizado y separado por esas ideas e intereses que, a la postre, perjudicarían el devenir de los hechos. Cuando David Carr (Ian Hart) llega a España, su intención es luchar por la libertad y por la legitimidad de un gobierno que ni siquiera le ha podido ayudar a entrar en el país. En el caso de David se encuentran otros muchos luchadores, que ven en la contienda la oportunidad de luchar en una guerra libertaria contra el fascismo y la opresión. A pesar de que David pertenece al partido comunista británico, no se enrola en una brigada comunista, sino marxista. Pero, ¿qué más da si supuestamente todas las milicias luchan por lo mismo? Cuando llega a Barcelona se une a una de esas compañías de simpatizantes mal equipados que, como descubrirá en el frente, someten todas las decisiones a votación. La espera por entrar en lucha o por unas armas en condiciones, que nunca llegan, marcan su primer contacto con la contienda, al tiempo que le permite conocer a sus nuevos compañeros. También descubre que las milicias pertenecen a los diferentes partidos y sindicatos, síntoma de una no unificación de criterios que a la postre jugaría en contra de todos ellos. Esa desunión todavía no existe en la milicia del POUM, a donde ha llegado Dave y donde contacta con unos camaradas que recordará toda su vida. Blanca (Rosana Pastor), Maite (Iciar Bollaín), Lawrence (Tony Gilroy), Bernard (Frederic Pierrot) o el capitán Vidal (Marc Martínez) se convierten en una especie de familia, que sufren, sangran y caminan unidos, una unión insuficiente como se demostrará en la discusión que se produce entre los habitantes de un pequeño pueblo, donde se decide si sus tierras serán o no comunales. Este enfrentamiento pacífico por un puñado de tierra, es un presagio del enfrentamiento posterior (y a otro nivel) del que David será testigo. Se disuelven las milicias, éstas no desean ser disueltas, a las mujeres se les prohíbe combatir, se persigue a quienes anteriormente eran amigos y luchaban contra el enemigo común, la batalla interna se ha desatado; mientras, el verdadero enemigo, bien organizado y apoyado por potencias extranjeras, no tendrá más que esperar a que su rival se derrote así mismo. El cineasta británico Ken Loach quiso reconstruir esta etapa no desde el enfrentamiento entre republicanos y nacionalistas, sino desde el absurdo enfrentamiento político e ideológico producido entre personas que supuestamente combatían por un bien común: la libertad. Sin embargo, los intereses, carencias y presiones, tanto internas como externas, dieron al traste con las esperanzas de aquellos que habían acudido a luchar contra un enemigo común y acabaron por encontrase en medio de un enfrentamiento interno que traicionaría los ideales que pretendían defender.

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