martes, 6 de septiembre de 2011

Ordet (La palabra) (1954)

Carl Theodor Dreyer, el director danés por excelencia, rodó un film de ritmo lento, prácticamente en un mismo escenario que ofrece cierto aire teatral para recrear un drama que se iniciaría con un planteamiento que recuerda en cierta medida a Romeo y Julieta, y que se inspira en un drama danés escrito por Kaj Munk. Dos padres de familias separadas por sus diferentes maneras de entender la religión se oponen a la relación que desean mantener sus dos hijos. Sin embargo, no se trata de un tragedia romántica, sino de un drama de planteamientos existenciales en el que se plantea la irracionalidad y el enfrentamiento que produce una fe mal interpretada, que domina la mente de un modo que no permite aceptar las diferencias que existen entre seres semejantes. Los jefes de ambos clanes se muestran contrarios entre ellos, ambos se desean lo peor, no por odio, sino porque es la única manera que existe para que comprendan el error en el que se encuentra su prójimo. Estos hombres se han olvidado del verdadero sentido del significado de la palabra. ¿Qué palabra? Ordet (La palabra) muestra la perdida del verdadero sentido de la vida, los personajes de Ordet no viven, no piensan en la vida, sino en la muerte, una constante presente en ellos. Se han convertido en esclavos de una religión malinterpretada que les obliga a permanecer impasibles ante los hechos que se producen. Incluso, el patriarca Borgen, quien asegura defender un modo de entender la fe desde la alegría, se muestra oscuro, pesimista e infeliz. Los personajes de Dreyer no sonríen, no disfrutan de su existencia, y no recuerdan la verdadera esencia de la misma. Son seres condenados por su manera de entender cuanto les rodea; sólo el doctor, hombre de ciencia, cree en los milagros, aquellos que se derivan de la misma ciencia, y Johannes, el hijo de Borgen que ha perdido la razón, también cree, pero en otro tipo de milagros, los se producen a través de la palabra olvidada. La atmósfera se comprueba opresiva, Ordet no es una película hecha para disfrutarla, sino para sufrirla del mismo modo que sufren los personajes que se arrastran por sus largos planos, unos seres que han olvidado la palabra, pero quizá lo que han perdido es la verdadera esencia de la vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario