viernes, 2 de septiembre de 2011

Los músicos de Gion (1953)

Dura, emotiva y amarga, Los músicos de Gion (Gion bayashi) se adentra en el universo de las geishas y de la sociedad japonesa de la primera mitad del siglo XX, un entorno que no fue ajeno a la infancia de Kenji Mizoguchi. Este gran cineasta japonés fue testigo de como una de sus hermanas era vendida para convertirse en una de esas damas, quienes supuestamente serían personas privilegiadas dentro de una sociedad que las veneraba y, sin embargo, no dejaban de ser mujeres a quienes se trataba sin tener en cuenta sus deseos, sus necesidades o su humanidad. Ese medio de aparente elegancia y cultura se expone tras la muerte materna que provoca que Eiko (Ayako Wakao) acuda a la casa de Miyoharu (Michiyo Kagure), amiga de la difunta, para que la acoja y le enseñe las artes de las geishas; mujeres cultas y refinadas, cuyas artes sirven para entretener a aquellos hombres que puedan permitírselo. A partir de este momento ese mundo nuevo se presenta ante ella elegante y rebosante de vida, lo cual le hace pensar que la suerte le sonríe, ya que el estatus social de las de su clase es elevado, incluso admirado. Al mismo tiempo que muestra su adaptación, se desarrolla el acercamiento entre su inocencia y la veteranía de Miyoharu, el cual sirve para crear el lazo de amistad que marca sus destinos. El estado de bienestar en el que se observa a Eiko cambia cuando se niega a mantener relaciones sexuales con un hombre a quien muerde para salvarse de un ataque que no es sino un intento de violación. Como consecuencia de esta reacción justificada, ante una situación violenta e indeseable, la joven no tarda en descubrir la transformación que se produce en quienes anteriormente se mostraban amables, pues a partir de ese instante, Eiko es repudiada por defenderse ante una circunstancia que la amenazaba, y lo es porque su comportamiento no entra dentro de los derechos de una geisha, a quien se acepta y respeta mientras se muestre sumisa dentro de un mundo injusto, machista y degradante, el mismo que tampoco perdona a Miyoharu porque se ha convertido en su protectora. 

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