viernes, 23 de septiembre de 2011

El manantial de la doncella (1959)

Amanece en la granja, y todos menos Karin (Birgitta Pettersson) se han levantado; ella es la niña de la casa, la joven e inocente doncella que ilumina los días de sus padres: Töre (Max von Sydow) y Märeta (Birgitta Valberg). Sin embargo debe levantarse, a pesar de que la madre interceda ante en cabeza de familia para que la deje descansar un poco más. No puede ser, debe acudir a la iglesia y ofrecer los cirios como presente. Tras vestirse con sus mejores galas, se despide y parte en compañía de Ingeri (Gunnel Lindblom), sin saber que su sino será cruzarse con tres hermanos que la convencerán para que comparta su comida con ellos. El rosto de Karin brilla, no reconoce ni la maldad ni la mentira que anida en los corazones de algunos hombres; por esa ignorancia inocente no sospecha que pueda ocurrirle nada malo y a pesar de haber dejado tras de sí a su criada, acepta. La muchacha se muestra alegre, generosa y sobre todo fantasiosa, para ella la pureza de espíritu y del cuerpo lo son todo, así pues continúa sintiéndose a gusto entre esos desconocidos que la observan con ojos deseosos y violentos. Ingeri se encuentra en el bosque, se ha rezagado en la cabaña de un mendigo en quien observa malos presagios, aterrorizada huye en busca de su compañera. Cuando consigue verla, la encuentra resistiéndose a dos hombres que pretenden someterla por la fuerza, dos bestias sedientas de la pureza de la cual la doncella se siente tan orgullosa. Ingeri reacciona, toma una piedra entre sus manos, está decidida a arrojarla contra los atacantes, pero en el último momento la piedra se desliza de sus manos. Su condición de impura, tantas veces reprochada por la madre de Karin, le ha impedido lanzarla, pues en su mente existe un rencor que sale a flote y que exige que la pequeña flor comprenda lo que se siente al verse privada de aquello que se considera hermoso, limpio y sagrado. Mas no tarda en comprender su error y el horror de una escena que acaba con Karin. La pureza yace en el suelo, jamás volverá a levantarse, mientras, sus agresores huyen tras robar la vida y las pertenencias de la doncella. El irrepetible director sueco Ingmar Bergman rodó esta historia basada en una leyenda medieval nórdica, en la que la justicia poética conducirá a los asesinos hasta el hogar de Karin, ante unos padres que nada saben y que ofrecen su hospitalidad a aquellos quienes les han robado su mayor tesoro. El manantial de la doncella (Jungfrukällan) está filmada como un cuento sensible, lírico y de gran fuerza visual, características que la convierten en un  poético y triste canto en el que la cámara capta la inocencia de una muchacha que desconoce la impureza que le rodea, pues ha sido adorada, cuidada e idolatrada, por unos padres que no pueden soportar la idea de perderla y que enloquecerán cuando descubran un hecho que ya se ha consumado, en un lugar donde brotará un manantial fresco, puro y cristalino, la imagen natural de la joven doncella.

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