sábado, 27 de agosto de 2011

Horizontes de grandeza (1958)

Es un país grande, pero no tan grande como los océanos que ha recorrido; los habitantes con quienes se encuentra son gente ruda, incluso violenta, pero no más que los hombres que campaban a sus anchas en los puertos más peligrosos del mundo. Sus nuevos vecinos le provocan porque sienten la necesidad de demostrar a los demás la valentía y seguridad que James McKay (Gregory Peck) no necesita mostrar a nadie, porque él es un hombres seguro de sí mismo, consciente de su valor y de la inutilidad de demostrarlo ante todo aquel que le provoque. Por dicho motivo (rechazar los enfrentamientos y no emplear la violencia) es considerado un cobarde, incluso por su prometida, Pat (Carroll Baker), a quien conoció en Baltimore, ciudad donde se enamoraron y se prometieron. Sin embargo, la personalidad de James le ha obligado ha no precipitar la boda, porque desea realizar las cosas de modo correcto, y esto significa celebrar el enlace en el hogar paterno. Éste es el motivo por el cual se encuentra en un país grande, dominado por el padre de Pat, el mayor Terry (Charles Bickford), terrateniente condicionado por un sueño de grandeza, y, sobre todo, por una obsesión que disfraza constantemente: destruir a los Hannassey, familia que considera una lacra con la que debe acabar. En el rancho de los Terry, James descubre la verdadera naturaleza de un hombre que se considera justo, que disfruta con la sensación de poder y de superioridad hacia sus vecinos; al tiempo que se encuentra con el rechazo de unas gentes que ni le comprenden ni lo intentan. Estas dos circunstancias le ofrecen la oportunidad de entender la verdadera naturaleza de su futura familia política y de la situación que se vive en el país grande, en el que sólo dos personas parecen valorarle en su justa medida: Ramón (Alfonso Bedoya), empleado de la hacienda, quien observa la evolución del marino y quien comprende su verdadero valor, osadía y firmeza; y Julie Maragon (Jean Simmons), amiga de Pat, maestra del pueblo y dueña de Valverde. Las tierras de Julie son las más ricas de la zona, porque en ellas hay agua, por lo que resultan el objeto del deseo tanto del patriarca de los Hannassey como del mayor Terry. El enfrentamiento entre las dos familias está servido, en medio de esta lucha se encuentran Julie y James, su posicionamiento es neutral, saben que de lo contrario la sangre llegará al río; por ello, James McKay propone a la maestra que le venda sus tierras, porque él desea regalárselas a una novia que no le comprende y que no valora su verdadero yo. La promesa de Jim de que el agua será para todos los vecinos convence a Julie, aunque también puede que le haya influido el amor que empieza a sentir hacia el hombre de Baltimore, aunque no desea reconocerlo, porque Jim pertenece a otra mujer. Horizontes de grandeza (The big country) se expone con una perfección envidiable, apoyada en una excelente fotografía, en secuencias magistralmente rodadas como las que se desarrollan en el Cañón Blanco, en un guión consistente, sin apenas fisuras, en un reparto de lujo bien aprovechado y en unos temas musicales que aparecen siempre para ofrecer un aire épico que la convierte en un western atípico, mezcla de varios géneros, que sirvió a William Wyler para dar otra lección de narrativa cinematográfica. Excelente desde su comienzo, antes de que sepamos que James McKay existe y de que ese gran país no es sino un lugar de lucha entre dos cabezas de familia que no saben limar sus asperezas si no es utilizando la violencia, que en el caso del Mayor Terry se esconde tras la palabra justicia. Se encuentra más honor en Rufus Hunnassey (Burl Ives), sin embargo, éste tampoco duda en utilizar medios poco legales para llevar a cabo sus propósitos, que no son otros que conseguir Valverde y el agua que se le niega por orden del mayor a su capataz, Steve (Charlton Heston). El capataz, enamorado de Pat, con todas las virtudes que ella desearía para Jim, inicialmente minusvalora, envidia e incluso odia a McKay. Sin embargo, no tardará en descubrir, en sus propias carnes, el verdadero espíritu de James McKay; circunstancia que le llevará a plantearse las decisiones de su patrón y reconocer que en un país grande hay sitio para todos.

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