martes, 5 de julio de 2011

Medianoche (1939)


Eva Peabody (Claudette Colbert) se apea en una estación de tren de París una noche lluviosa sin nada más que lo puesto, su estado resulta lamentable, circunstancia que Tibor (Don Ameche) no pasa por alto, como tampoco su belleza. Este inicio podría ser el de una comedia romántica cualquiera, pero es el comienzo de Medianoche (Midnight), una de las mejores comedias del Hollywood clásico, escrita por Billy Wilder y Charles Brackett, y dirigida por Mitchell Leisen (trío que repetiría en otras dos grandes películas: Arise, my love y Si no amaneciera), cuya exposición narrativa conjuga a la perfección: la comedia, el enredo, la elegancia y el romanticismo. Medianoche hace referencia a esa hora mágica en la que el hechizo de la Cenicienta se desvanece devolviéndola a la realidad. Y eso es Eve, una Cenicienta que vive su sueño, y que se encuentra a punto de conquistar a su príncipe azul. Sin embargo, éste no resulta ser un millonario, aunque sí rico y pleno, porque tiene todo cuanto precisa, salvo a ella. Tibor Czerny, taxista de profesión, necesitará de su argucia para lograr que la nueva princesa vuelva a ser la mujer a la que conoció en la estación y de la que enamoró cuando la vio bajo la lluvia a su llegada a París. Las situaciones que se producen a lo largo de la película se irán sucediéndose a la perfección, pasando por momentos soberbios, hasta alcanzar un final esperado, no por ello menos brillante. El enredo se inicia como consecuencia del ofrecimiento de Tibor para que pase la noche en su casa (él estará ausente, pues tiene que trabajar). La primera reacción de Eve es la de escapar, no quiere saber nada de Tibor, no porque no le guste, sino porque empieza a sentirse atraída hacia él y eso es algo que no puede permitirse. Ella espera conseguir un millonario o, al menos, unas relaciones que le proporcionen una vida llena de lujos. Tras abandonar al taxista se las apaña, mediante el engaño, para colarse en una fiesta de la alta sociedad. Sin embargo, el portero no tarda en descubrir que una mujer ha entrado sin invitación. Para protegerse, Eve se hace pasar por una baronesa, que responde al apellido de Czerny, una antigua y noble familia húngara. Gracias a la complicidad de un millonario, que la ha estado observando y ha descubierto su mascarada, Georges Flammarion (interpretado por un magistral John Barrymore), logra salir del aprieto en el que estaba a punto de verse envuelta. Flammarion no lo hace por altruismo, sino porque encuentra en Eve la oportunidad que esperaba. Así pues, le ofrece un trato en el que ella debe continuar interpretando el papel de aristócrata para conquistar al amante de la esposa de Flammarion (Mary Astor). A cambio, él se compromete a sufragar los gastos y a entregarle una compensación económica. Mientras tanto, sin saber que la suerte ha sonreído a su pasajera, Tibor comienza la búsqueda de una mujer que cree desamparada, para ello empleará todos los medios a su alcance y a todos los taxistas de París. Medianoche posee un guión perfectamente estructurado, rodado con buen gusto e, innegable, acierto por parte de Mitchell Leisen, en el que el humor, los diálogos y el enredo la convierten en una de las grandes comedias románticas de la historia del cine.

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