lunes, 13 de junio de 2011

Testigo de cargo (1957)

Cuando se nombra al genial Billy Wilder, inmediatamente, se asocia su nombre a la comedia, sin embargo, el director de origen alemán realizó grandes películas alejadas del género en el que más se prodigó, esto no quiere decir que no haya humor en estos films. En cualquier título de Wilder, encontramos su sentido del humor, un humor negro, inteligente e irónico. Testigo de Cargo (Witness for the prosecution) no es ajena a esa visión ácida que el director-guionista tenía de la sociedad que le rodeaba. El personaje interpretado (magistralmente) por Charles Laughton es un abogado que acaba de sufrir un ataque al corazón, lo que le obliga a mantenerse apartado de las emociones fuertes y a llevar una vida saludable, alejada de los placeres que había disfrutado hasta entonces. Para soportar dicha situación, o mejor dicho, para ocultar sus travesuras a la enfermera que le cuida (Elsa Lanchester, esposa en la vida real del propio Laughton), necesita de la picaresca y de los recursos que buenamente se le ocurren. En estos dos personajes se percibe el toque que Wilder imprime en sus comedias, ya que entre ellos surge una relación amor-odio obligada por las circunstancias, pero, a pesar de esas notas cómicas, Testigo de cargo es un film de suspense, basado en la obra homónima de Agatha Christie, en el cual Billy Wilder mostró una gran maestría a la hora de generar tensión y ofrecer aquéllo que el público precisa conocer para captar su atención desde el inicio. La historia comienza con la llegada al hogar de Sir Wilfrid (Charles Laughton), prestigioso abogado criminalista, tras su convalecencia en un hospital. Este hombre sabe que no podrá ejercer nunca más (su salud no se lo permite), contratiempo que le cuesta aceptar. Así pues, cuando se presenta Leonard Vole (Tyrone Power), no puede reprimir la necesidad de escucharle. Vole, un inventor sin suerte, ha mantenido una relación de amistad con la víctima de un asesinato, Mrs.French, una viuda millonaria. Posiblemente sea considerado sospechoso del crimen, inconveniente que le ha llevado hasta Sir Wilfrid. Mediante un flashback se comprueba como el sospechoso traba amistad con la víctima. Mr.French es una mujer solitaria, que añora la compañía de un hombre que la haga sentirse viva. Tras esta presentación, Wilfrid se convence, pero no sin antes someter al presunto asesino a la prueba del monóculo (escena que muestra el ingenio del director). Contradiciendo las órdenes de los médicos acepta el caso, ya que no alberga duda alguna respecto de la la inocencia del sospechoso. Pero, únicamente cuenta con el testimonio de Christine (Marlene Dietrich), esposa de Vole (ya encarcelado). Sin embargo, su frialdad y un aire amenazador que no la abandona, convencen al abogado que no les conviene presentarla como testigo.Testigo de cargo gana enteros cuando Charles Laughton asume el protagonismo (prácticamente todo el metraje), y se resiente (un mínimo) en la duración del último flashback (cuando se conocen Christine y Leonard). A pesar de ese pequeño descenso en el ritmo narrativo, éste se recupera para mostrarnos el juicio contra Vole (magnífico en toda su duración). ¿Es culpable o inocente? Las pruebas que se presentan son circunstanciales, la actuación de Sir Wilfred es soberbia y nos muestra el por qué de su gran reputación. Para él no hay duda, además las declaraciones de los testigos son fácilmente rebatibles, ya que se trata en la mayoría de los casos de suposiciones sin fundamento. Testigo de cargo resulta con su excelente combinación de humor y suspense, que no deja de entretener y sorprender, una imprescindible aproximación de Billy Wilder al cine de misterio e intriga, además de ser una espectacular prueba de que por mucho que se le tilde de director de comedia, él era un soberbio director de películas imperecederas que perduran en la memoria de quienes tienen el buen juicio de verlas.

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