sábado, 18 de junio de 2011

Objetivo Birmania (1945)

Durante la Segunda Guerra Mundial las tropas americanas son expulsadas de Birmania por el ejército japonés. Dos años después de este suceso, intentan regresar y conquistar un país que les permitiría abrir el camino hacia China, vital para el transcurso de la contienda. Para que esto sea posible deben destruir una estación de radar ubicada en pleno territorio enemigo, misión que encomiendan al capitán Nelson (Errol Flynn) y a un puñado de paracaidistas bajo su mando. Los soldados cumplen su cometido con relativa facilidad, no obstante, el verdadero infierno comienza cuando emprenden el camino hacia el punto de recogida, un lugar dominado por contingentes enemigos que impiden el aterrizaje de los aviones que deben transportarles de vuelta. Este contratiempo obliga a Nelson y a los suyos a recorrer cientos de kilómetros a través de una jungla hostil, sombría, por la que acecha el enemigo, a quien deben evitar si pretenden alcanzar las posiciones aliadas. La huida resulta desesperada, la muerte amenaza a cada paso, representada en un acoso constante por parte de unas fuerzas superiores en número. Pero, además, existe otro inconveniente, la imposibilidad de comunicarse con el mando. Las sensaciones negativas se apoderan de los muchachos, el capitán lo observa, pero se encuentra sin opciones, la única posibilidad para escapar de esa jungla mortal es seguir adelante.Objetivo Birmania (Objective Burma!) es una película que no esconde sus simpatías, se posiciona a favor de ese pequeño grupo de héroes anónimos y se muestra en contra de un enemigo sádico y sin remordimientos. El dibujo de los soldados japoneses no presenta matices, son los villanos de quienes hay que escapar. Por si quedase alguna duda al respecto, Raoul Walsh muestra una escena en la que los supervivientes descubren un poblado donde encuentran a varios de los suyos torturados, hasta el punto de no reconocer quién es quien (no se muestra ninguno de los compañeros caídos, salvo las piernas de un oficial moribundo que aumenta la sensación de violencia a la que han sido sometidos). Existen explicaciones razonables para el planteamiento partidista del film; la guerra real se desarrollaba paralela a la ficticia, las tropas estadounidenses se batían en el Pacífico, enfrentamiento que suponía un elevado gasto material y numerosas perdidas de vidas humanas, así pues, que mejor medio que el cine para levantar la moral del país y de las tropas, y de paso, fomentar el alistamiento entre unos jóvenes, que desearían emular al prototipo de héroe encarnado por Errol Flynn, a lo que se podría añadir la venta de bonos de guerra, que permitirían afrontar los gastos que generaba la contienda armada. Con todo, en el año 1945, el ejército estadounidense recuperaba terreno y avanzaba por el Pacífico, sin embargo, el final de la guerra aún era incierto. Así pues, la propaganda desde el cine, fue un medio más con el que contaban las naciones implicadas, con ello se pretendía elevar un sentimiento patriota, desde el que cimentar la victoria moral y real. De todas estas producciones realizadas durante la contienda, Objetivo Birmania es una de las más destacadas y una de las grandes del género bélico, y lo es porque Raoul Walsh ofreció un recital de cómo plantear una situación límite, apoyada en la eficacia narrativa, sin florituras de ningún tipo, contando con detalle la planificación de la misión y la desesperación que domina a ese pequeño grupo de héroes, que ven como su salvación se aleja a cada paso, pero que demuestra que su espíritu no se rinde.

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