sábado, 25 de junio de 2011

El temible burlón (1952)

Finales del siglo XVIII, sobre las cristalinas aguas del Caribe,  se desliza una embarcación solitaria, que pronto dejará de estarlo. Sus vigías divisan un barco, aparentemente, la tripulación yace sobre la cubierta, posiblemente muerta, como consecuencia de la peste. Las buenas condiciones del navío deciden al capitán a remolcarlo, esfuerzo que será recompensado con una buena suma de dinero cuando se venda. Sin embargo, por la noche, los supuestos cadáveres se hacen con el control y toman a los tripulantes como rehenes. Uno de estos prisioneros es el Barón Gruda, enviado de su majestad en una misión especial que consiste en atrapar a El Libre y así poner fin a las pequeñas revueltas que se viven en las islas. Vallo (Burt Lancaster), conocido como el pirata rojo, llega a un acuerdo con Gruda por el cual recibirá una sustanciosa cantidad si consigue atrapar al líder del pueblo. Como contratiempo para el pirata, El libre ha sido hecho prisionero, así pues no le queda más remedio que liberarlo para volver a entregarlo y poder cobrar la recompensa. Con este planteamiento se puede reconocer la personalidad de Vallo, sus intenciones y sus ambiciones. Por otro lado, su comportamiento es algo que no se le puede reprochar, ya que al inicio del film El pirata rojo se presenta sobre el mástil de una de las velas del barco y anuncia que lo que se verá en la próxima hora y media es la historia de unos piratas, donde la aventura y el humor son sus principales protagonistas. Los números cómicos y circenses hacen del Temible burlón (The crimson pirate) una de las más divertidas historias de piratas jamás rodadas. La pareja artística formada Burt Lancaster y Nick Cravat, amigos desde su etapa en el circo donde ejercían como equilibristas, muestra sus dotes para las escenas de acción que por momentos parecen sacadas de comedias de cine mudo y que son perfectamente acompasadas por una banda sonora que aumenta el sentido del ritmo y del humor. Por lo tanto, se trata de una película para divertirse y divertir. Una especie de broma en la que se nota que los actores se sienten a gusto con lo que hacen, bajo la dirección de un excelente director, Robert Siodmak, que regala un abordaje final que resulta un digno the end para este espectáculo circense humorístico.

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