viernes, 29 de abril de 2011

Las vacaciones del señor Hulot (1953)

Mucho antes de que el turismo playero inundara las costas, y los promotores de viviendas alteraran los litorales de medio mundo, Jacques Tati filmó esta magnífica comedia que presenta a un grupo de personajes disfrutando de su periodo estival en la pequeña localidad francesa de Saint Marc en Saint-Nazaire. A este idílico paraje llega el señor Hulot (Jacques Tati), un hombre sensible y amable, pero tan torpe que todos sus actos provocan la ruptura de la armonía y de la tranquilidad que se respiraban antes de su aparición. Hulot se convierte en el desastroso hilo conductor desde quien se muestran las diferentes personalidades que se hospedan bajo su mismo techo, y con quienes pretende pasar sus vacaciones. Sin embargo, su extraño comportamiento hace que los demás le califiquen de extravagante (por decirlo de una manera sutil) y conflictivo. No obstante, ni la acción ni la comicidad son exclusivas de este extraño personaje, sino que recae en cada uno de los clientes de la pensión donde se aloja, ya sea dentro o fuera de la misma, ya que la cámara salta de un individuo a otro para presentarlos en ese estado anormal de sus vidas conocido como ¡vacaciones!, pero que en realidad no les aleja de la rutina o de las costumbres que les acompañan el resto del año.
Las vacaciones del señor Hulot resulta ingeniosa, divertida e inteligente, sus gags visuales alcanzan un nivel infrecuente dentro del cine sonoro, ya que la mayor parte del metraje carece de diálogos, cuestión que no impidió que Tati ofreciese una entrañable mirada hacia una época actualmente desaparecida, de ritmo más pausado y que permitía encontrar ese lugar que alejaba a los moradores del hotel de la ruidosa vida urbana que les acompañaba durante el resto año. Para lograr esa sensación de paz, de alejamiento del mundo moderno, JacquesTati realizó una comedia visual (se podría prescindir de los diálogos sin que el film se resintiera por ello) con actores y actrices en su mayoría no profesionales. Así pues empleó a los habitantes del pueblo, personas que disfrutaron con la estancia de Tati y de su equipo, y con su participación en la filmación, sensación que se aprecia en el resultado final de un rodaje que duró cuatro meses, tiempo que se vería recompensado con el éxito que obtuvo la película durante su paso por las salas comerciales. Y de la noche a la mañana, Hulot se convirtió en uno de los iconos del cine francés; reconocible por su manera de caminar, sus pocas palabras, su pipa, su gabardina, su gorra o su capacidad innata para crear el caos allí donde se presentase

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