viernes, 29 de abril de 2011

El anacoreta (1976)

En primer lugar cabe destacar la originalidad de la historia, salida de la mente de uno de los grandes guionistas que ha dado el cine español, y ¿por qué no decirlo? del cine en general. En clave de comedia Rafael Azcona ideó una cruda reflexión sobre la soledad del individuo dentro de una sociedad en la que no cree y de la cual rehuye sin que su elección alcance el éxito. Para dar forma a la insatisfacción de este curioso y lúcido personaje, Juan Estelrich, el director, y Azcona, decidieron que la película discurriese en su totalidad dentro de ese aseo que representa la inconformidad del protagonista. La reducida ubicación espacial a priori podría resultar un lastre, sin embargo es el gran acierto de El anacoreta, una película indispensable, presentada desde una perspectiva tan original como divertida, que enfrenta la individualidad que Fernando (Fernando Fernán Gómez) busca en el cuarto de baño y la sociedad que se representa en el resto del piso, por donde deambulan su mujer o el amante de esta. Que un individuo se encierre en su aseo durante más de once años es una situación que puede plantear muchos pensamientos enfrentados: locura, inconformismo, protesta, extravagancia, ¿genialidad?... Fernando es un hombre a quien el mundo que le rodea no le satisface, le aburre y por tanto decide que prefiere aburrirse a sí­ mismo a que le aburran los demás, pero todo cambia cuando una hermosa joven aparece en el aseo que ha convertido en vivienda, con el firme propósito de tentarle y hacerle salir. Hasta ese momento, su vida carece de complicaciones, ha delegado sus responsabilidades, tanto maritales como financieras, en el amante de su esposa (mujer con la que no guarda ningún aspecto en común). Este anacoreta laico pasa sus días divagando y enviando mensajes por las cañerías de su alcoba-aseo. Una de estas notas llega a manos de Anabel (Martine Audo), una joven hermosa, que siente curiosidad por conocer a tan extraño personaje y, por capricho, sacarlo de su encierro, para lo que utilizará todos sus encantos (para Fernando será como la mítica reina de Saba). El anacoreta muestra las excentricidades de un individuo desengañado y aburrido, mediante una excelente puesta en escena y un sentido del humor inteligente y valiente. Además, destaca la magnífica interpretación de Fernán Gómez, recompensada con el premio al mejor actor en el festival de Berlí­n por su recreación de ese anacoreta laico que decide, como muestra de inconformismo, no traspasar la puerta del servicio donde ha intentado crear su mundo, en constante interacción con el que se encuentra de puertas a fuera.

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